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Martes, 10 de Diciembre de 2019

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La partitura original de ‘Paquito el Chocolatero’ visible en el MARQ

Se expone al público por primera vez

Pasodoble "Paquito el Chocolatero" /

En el Museo Arqueológico Provincial, MARQ, se expone por primera vez al público la partitura original de "Paquito el Chocolatero" junto a la guitarra y al violonchelo que usaba Gustavo Pascual Falcó, autor del celebérrimo pasodoble.

Lejos de ser tan conocido como los acordes de su 'Paquito el Chocolatero', Pascual Falcó, que nació y murió a edad temprana por problemas renales en Cocentaina (1909-1946), es objeto de homenaje y ocupa un privilegiado lugar en una exposición que el Museo Arqueológico de Alicante, de la Diputación, dedica estos días al patrimonio cultural de este pueblo con fondos cedidos por ese Ayuntamiento.

Pascual Falcó era un virtuoso de muchos instrumentos y entre ellos destacaba el clarinete, con el que se le recuerda desde los 8 años, aunque tras su prematura muerte, a los 36 años, la viuda (Consuelo Pérez Molina) se deshizo del mismo.

El MARQ alicantino ha habilitado un cuidado espacio a 'Paquito el Chocolatero' donde se pueden observar los pentagramas y las notas musicales de puño y letra de Pascual Falcó.

"Paquito el Chocolatero/por Gustavo Pascual/Pasodoble valenciano/Dedicado a mi cuñado Paquito/El autor", reza en la portada de la conocidísima partitura, de la que la SGAE dijo en 2007 que era la más reproducida en directo.

Esta composición de 1937 tardó cuatro años en estrenarse y, cuando la escribió para los Moros y Cristianos, su autor no podía adivinar su éxito durante décadas y hasta pleno siglo XXI.Músico de vocación (trabajaba en una fábrica de zapatos), Pascual Falcó era introvertido y enfermizo desde joven, y le dedicó su mejor pasodoble a su cuñado y gran amigo, Francisco Pérez Molina 'Paquito', conocido como el 'chocolatero' por vender este popular producto, además de café, azúcar y especias.

En el verano de 1937 Gustavo veraneaba con la familia de su esposa en una casa a los pies de la alicantina sierra de Mariola y una tarde le mostró a Paquito, que tocaba el tambor y de sonrisa contagiosa, tres pasodobles que acababa de componer.

Le ofreció que eligiera uno para que llevara su nombre y, tras escucharlos con atención, Paquito no dudó en escoger el más alegre y pegadizo, que inmortalizaría su apodo.

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