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Dieta alcalina. ¿Funciona o es un fraude?

Analizamos uno de los sistemas de alimentación que están más de moda en los últimos años

“Me tomo un zumo de limón o unas gotas de bicarbonato nada más levantarme para alcalinizar la sangre”. Estas y otras frases son las que rodean a los usuarios de las dietas alcalinas. Este tipo de alimentación consiste en favorecer la ingesta de alimentos alcalinos (hortalizas) frente a los ácidos (azúcares y cereales). Sus defensores afirman que el consumo de alimentos alcalinos provoca reacciones inmediatas en el pH del cuerpo (modifica sus niveles de acidez), de este modo nos protegería de ciertas enfermedades (entre ellas el cáncer o la osteoporosis) y, además, tiene efectos detox (desintoxicantes).

El origen de esta dieta “se basa en el efecto warburg y la observación que las células cancerosas tienen mayor capacidad para acidificar. Pero a partir de ahí, ha salido una extraña teoría que lo enlaza con la dieta. Uno de sus máximos difusores ha sido Robert O’Young, antiguo predicador mormón metido a dietista, pero sin ninguna formación oficial”, afirma el profesor José Miguel Mulet, bioquímico e investigador en el CISIC.

Este tipo de alimentación no alteraría el pH de la sangre, ni prevendría el cáncer tal como señala el American Institute for Cancer Research en Cancer and Acid-Base Balance: Busting the Myth. “El pH se regula por el riñón y tienen que estar en un margen muy estrecho o te mueres. La única forma de alterar el pH sería comer sosa o bicarbonato a cucharadas, algo nada aconsejable”, explica Mulet. Tampoco mejoraría nuestra salud ósea, tal y como afirma la revisión The Alkaline Diet: Is There Evidence That an Alkaline pH Diet Benefits Health?: “No hay evidencia sustancial de que la dieta alcalina prevenga la osteoporosis”.

 Por tanto, la hipótesis de la que parte de la dieta alcalina (la salud mejoraría si dividimos los alimentos en función de su capacidad para "acidificar" o “alcalinizar”) carecería de base científica. “Así es. Una dieta tiene que ser equilibrada. Pero que los alimentos sean ácidos o alcalinos es irrelevante, entre otras cosas porque la clasificación que hacen de los mismos muchas veces no se corresponde a la realidad”, admite el autor de Comer sin miedo. Una de las webs más recomendables para averiguar qué alimentos y hábitos son positivos para nuestra salud es la de la Agencia española de Consumo, Seguridad alimentaria y Nutrición (Estrategia NAOS del Ministerio de Sanidad).

Una cuestión fisiológica

 Aquellos que defienden que los alimentos tienen capacidad de alterar el pH se basan en unos tests que se hacen poniendo en contacto una muestra de orina con unos palitos de papel que sirven para medir la acidez de un líquido. ¿En el caso de que efectivamente los alimentos pudieran alterar -como sus promotores dicen- la acidez de nuestra orina, tendría esto relación con el resto del organismo? “No. Los cambios del pH de la orina son debidos a la eliminación de diferentes compuestos que hace el riñón, precisamente elimina más ácidos o bases en función de la dieta para que el pH del cuerpo sea estable, pero esto son procesos bioquímicos que no tienen nada que ver con una dieta equilibrada. De todas formas, si para seguir una dieta, la que sea, tienes que comprarte suplementos, tiras reactivas y productos caros, es señal que la dieta no es equilibrada y que te están sacando el dinero por al cara. Una dieta equilibrada no necesita suplementos”, señala Mulet.

 El organismo dispone de los mecanismos para mantener estable la acidez en sangre “utiliza lo que en bioquímica llamamos soluciones tampón (nada que ver con la higiene femenina) que son moléculas capaces de mantener el pH estable, como el bicarbonato o el fosfato”, comenta Mulet.

Tal y como explica el profesor, aunque todo esto se sabe desde hace tiempo, y textos como los publicados en Nutrition in Clinical Practise desmentirían los mitos que rodean a la dieta alcalina, sigue habiendo libros y cursos basándose en la teoría del pH. “Hay una gran demanda por perder peso y mucha gente tiene más prisa y dinero, que sentido común y espíritu crítico”, subraya.

 Sara Tabares, directora de Performa Entrenadores Personales (www.performa.es)

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