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Viernes, 15 de Noviembre de 2019

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El drama de arrancar un árbol

La capacidad de recomposición genética de la bacteria es enorme, por tanto, si lograra encontrarse con otra subespecie se podría adaptar a nuevas plantas, a nuevos territorios y a nuevas condiciones agroecológicas

Almedro infectado por la Xylella fastidiosa / ()

Expertos y políticos del sector agrario se han reunido esta semana en Casa Mediterráneo para analizar la situación de la Xylella fastidiosa y estudiar medidas que permitan paliar las consecuencias de una plaga que el Consejo Valenciano de Colegios Oficiales de Ingenieros Técnicos Agrícolas, califica de “dramáticas”.

La Xylella fastidiosa, una bacteria patógena capaz de afectar a más de 350 especies -especialmente, almendros, olivos, cítricos y viñedos-, se transmite de plantas enfermas a sanas a través de un insecto (vector) conocido como ‘cigarrera espumadora' (philaenus spumarius).

La situación es traumática para los agricultores”, explica Miguel Valdés, presidente del Consejo Valenciano. Por el momento, el confinamiento y el arrancado de ejemplares afectados parecen la única solución a corto plazo para una enfermedad que, hoy por hoy, no tiene cura.

Al menos así lo exige el protocolo de la Unión Europea, que en el artículo 6 de la Decisión (UE) 2015/789 obliga a eliminar «inmediatamente» las plantas hospedadoras «en un radio de 100 metros alrededor de los vegetales que hayan sido inspeccionados y cuya infección por el organismo especificado se haya establecido mediante la realización de pruebas».

La presencia de esta bacteria ya ha sido detectada en otros países de la Unión Europea, como en Italia, donde ya han muerto más de diez millones de árboles, entre los que se encontraban ejemplares de olivos milenarios. Hace apenas unos días se confirmaba el primer brote en Bélgica. En España, la plaga ya ha golpeado a Baleares, la Comunitat Valenciana, Madrid y Andalucía, donde ya se han aplicado todos los protocolos para evitar que se expanda a otros puntos de la península.

La capacidad de recomposición genética de la bacteria es enorme” -explica Valdés-, “por tanto, si lograra encontrarse con otras subespecies se podría adaptar a nuevas plantas, a nuevos territorios y a nuevas condiciones agroecológicas”. Y es ahí, donde radica la importancia de un control exhaustivo, no solo en la zona afectada, sino en todo su perímetro: “El desconocimiento y la imprevisibilidad de la Xylella la convierten en una amenaza para el sector agrario europeo”.

El drama de arrancar un árbol

La bacteria se ceba en las zonas más desfavorecidas, donde no existen apenas alternativas de cultivo -especialmente, en la provincia de Alicante, donde la estructura de la propiedad, basada en el minifundismo, es muy pequeña- y en zonas en las que el envejecido patrimonio arbóreo y el abandono favorecen la instalación de la bacteria.

Al drama que supone arrancar cada ejemplar hospedador se une que el terreno afectado no se podrá volver plantar en un plazo de un lustro, lo que supone la espera de varios años más hasta que el nuevo árbol sea productivo. Las pérdidas a las que se enfrenta el sector agrario son incalculables. “Hay que buscar el consenso”, explica Valdés, pero, cuando menos, “el lucro cesante debería contemplarse de alguna manera”.

Un panorama desolador para el campo y para los agricultores a los que la ciencia ha dado un respiro tras conocerse que investigadores de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y del Instituto Nacional de Investigación Agraria (INIA) han detectado potenciales depredadores naturales del insecto que transmite la Xylella fastidiosa.

Esta ha sido la conversación que el presidente del Consejo Valenciano de Colegios Oficiales de Ingenieros Técnicos Agrícolas de la Comunitat Valenciana, Miguel Valdes, ha mantenido con Carlos Arcaya en Hoy por Hoy Alicante:

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