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"Tan importante es mantener el patrimonio material como el inmaterial"

El pasado mes de enero, el Gobierno vasco calificaba como Bien Cultural, con la categoría de Conjunto Monumental, el Cinturón de Hierro y sus defensas, construidas para proteger Bilbao durante la Guerra Civil.

Esta resolución supone la obligación de conservar este patrimonio. Para ellos, el Ejecutivo autónomo instará a una treintena de ayuntamientos de Bizkaia y Araba a que adecúen la normativa urbanística municipal al nuevo régimen de protección, según recoge el decreto del Gobierno vasco que determina la calificación como monumento del Cinturón de Hierro.

La catalogación afecta a distintos restos del antiguo sistema defensivo, como construcciones o excavaciones muy sólidas, a menudo en mal estado por voladuras o destrucciones intencionadas, según la resolución.

La entidad encargada de velar por la memoria histórica de este sistema de defensa y su conservación y divulgacón es la Asociación Sancho de Beurko que asumió el encargo "consciente de la demanda de la propia sociedad vizcaína en la defensa de este patrimonio que languidecía abandonado en nuestros montes"

Guillermo Tabernilla, socio de la fudanción Sancho de Beurko ha relatado en Hoy por Hoy Bilbao cómo ha sido la elaboración del inventario y la gestión de la documentación sobre el Cinturón de Hierro

Koldo Somocueto, licenciado en Historia y miembro de Eusko Ikaskuntsa ha elaborado un libro que recoge la historia de este bastión contra los franquistas centrado en las hsitorias y anécdotas en la zona de Urduliz y Sopela

Desde Sopela, la directora de la oficina de Turismo, Olatz Arenaza ha asegurado que "el interés por conocer este patrimonio es cada vez mayor2.

 

Historia

El Cinturón Defensivo de Bilbao era la línea fortificada con la que el Gobierno de Euzkadi quiso asegurar, en última instancia y una vez fueran rebasados los tres frentes de combate que defendía el Ejército Vasco en el invierno de 1936/1937, la defensa de Bilbao y de los pueblos de su entorno con todos sus recursos –aeródromos, central eléctrica de Burceña, etc.- además del puerto de Bilbao, cuya posesión era vital, no sólo para mantener el esfuerzo logístico del Ejército sino para alimentar a la población civil. La idea partió de la Junta de Defensa de Vizcaya del gobernador civil José Echevarría Novoa y del Jefe de Estado Mayor del Ejército del Norte, el teniente Francisco Ciutat, pero se plasmó durante el mandato de José Antonio Aguirre, Lehendakari del primer Gobierno Vasco, iniciándose las obras el 9 de octubre de 1936. Diseñado por el comandante de ingenieros Alberto Montaud Noguerol, profesor de fortificaciones de la Escuela Superior de Guerra, fueron encargados del proyecto los capitanes de ingenieros Pablo Murga y Alejandro Goicoechea, este último retirado hacia años. La defección de ambos dejó a la obra herida de muerte, pero fue la aplastante superioridad en artillería y aviación del Ejército franquista la que marcó su ruptura entre el 11 y el 12 de junio de 1937.

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