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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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El sur de Madrid también lucha contra la invasión de cotorras argentinas

Leganés y Getafe apuestan por la eliminación de ejemplares mientras que en Fuenlabrada aún no han decidido las medidas a tomar

La población de cotorras argentinas está fuera de control y eso ha provocado la actuación de los ayuntamientos. /

Los ayuntamientos del sur de Madrid también deben afrontar el control de la plaga de la población de cotorras argentinas que ya ha decido el ayuntamiento de Madrid.

FUENLABRADA

En Fuenlabrada el ayuntamiento solo actúa (desde hace dos años) quitando los nidos que causan problemas o tienen riesgo de caerse y está estudiando nuevas medidas. “En la actualidad Medio Ambiente está en conversaciones con Sanidad para adoptar medidas que sean más efectivas”, explica el consistorio fuenlabreño que reclama una política regional al respecto.

GETAFE

En Getafe, el ayuntamiento considera todos los tratamientos enfocados a disminuir la población de cotorras: desde el parafinado de huevos hasta la eliminación de ejemplares (por parte de la empresa contratada por el consistorio). En cambio rechazan el uso pienso esterilizante, “puesto que se dispersa en el entorno y podría constituir otro problema con otras especies”.

La propia Comunidad de Madrid es la que autoriza a los consistorios a tomar medidas.

Esa plaga, además de las molestias a los vecinos de las zonas donde anidan, produce daños a la agricultura, salud pública y al medio ambiente. “Desplaza y expulsa de su territorio a gorriones, mirlos o cernícalos, cambiando la biodiversidad de las ciudades. Incluso a los murciélagos”, recuerda Gregorio Pintor, responsable de control de plagas del ayuntamiento de Leganés.

Esto hace que especies que controlan otras plagas como los mosquitos o la oruga procesionaria pierdan sus depredadores naturales.

En el municipio leganense hay entre 2.500 y 4.500 ejemplares, principalmente en la zona ermita San Cristóbal o Parque Central en el centro pero también en Parque Polvoranca o calle Aragón en San Nicasio.

“Lo ideal sería que desaparecieran, pero lo posible es minimizar el número de ejemplares”, explica.

Estas medidas cuentan con la oposición de muchos colectivos animalistas.

 

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