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Viernes, 13 de Diciembre de 2019

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'La exhumación de Franco'

No es preocuparse de un muerto, sino de cientos de miles a los que asesinó

Con la venia Gloria

No he querido, no podía dejar pasar la ocasión de repasar el histórico acontecimiento ocurrido en nuestro país el pasado 24 del mes que acaba de terminar. No se trata de revivir épocas pasadas, que no solo no se han olvidado, sino que algunos parecen querer revivir.

La imagen bucólica de ver ese helicóptero elevarse por los cielos de Madrid, enfrentado a la cruz que preside el Valle de Los Caídos, me llenó de alegría, tristeza y rabia. Alegría, porque la exhumación del golpista genocida, no es un mero capricho, sino una necesidad de normalidad democrática que ha tardado mucho más de lo necesario en que ocurriese.

Esa mañana a la alegría del necesario gesto o ceremonia, se le unió un sentimiento de tristeza, recuerdo y desagravio que se tornaron lágrimas. Lágrimas por las miles, millones de personas asesinadas, represaliadas, vilipendiadas por un régimen que aún miles de ignorantes vitorean.

También me invadió la vergüenza de cómo se abordó el asunto. Esa exhumación debió de tener la máxima intimidad gubernamental. Haberla hecho sin boatos, y por supuesto sin ningún miramiento para los familiares del genocida, que parecían pavos reales en una ceremonia de estado, que se me antoja contraria a cualquier principio constitucional.

Vergüenza de ver como centenares de franquistas, en el año 2019, se concentraban en las inmediaciones de Mingorrubios vitoreando al asesino, cantando el “cara al sol”, extendiendo el brazo en un ignominioso saludo fascista. Y todo ello amparado por la inmisericorde inacción policial.

Seremos el único país de Europa donde se permite que golpistas y partidarios jaleen el nombre de un genocida impunemente. Eso sí, si quieres excluirte de esta vergüenza de país, ahí sí que te daremos palos. Abriendo pasillo al anciano golpista Tejero, mientras empujaban a los periodistas. Los recursos públicos al servicio de los familiares del carnicero.

No hay una democracia europea en la que se le siga permitiendo a la familia de un dictador disfrutar de un patrimonio público usurpado desde el régimen dictatorial y beneficiarse económicamente de títulos nobiliarios fabricados a fines.

Con todo, aquel día se hizo Justicia con las víctimas, pero mucho me temo que no haya sido solo una exhumación de huesos, sino un traslado de altares.

A pesar de mi vergüenza por quienes aún hoy defienden la barbarie a grito pelao y ondean de banderas anticonstitucionales. El día 24 de octubre fue un día de máxima importancia ‘para la historia de España. Porque tal y como le dije a una amiga, la exhumación del cadáver de Franco no es preocuparse de un muerto, sino de cientos de miles cuyas sentencias firmó sin que le temblase el pulso el asesino.

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