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Miércoles, 22 de Enero de 2020

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Cuarenta años de trabajo incansable

Bodegas Ismael Arroyo sigue honrando la figura de quien lleva su nombre. En su 40 aniversario, repasamos el éxito de uno de los impulsores de lo que hoy en día es la DO Ribera del Duero

Llevan cuarenta años de incansable trabajo. Cuarenta años sacando al mercado nacional e internacional miles y miles de botellas de vino joven y crianza. Cuarenta años siguiendo una tradición, manteniendo vivo el espíritu de quien puso todo en marcha. Bodegas Ismael Arroyo ha cumplido su cuarenta aniversario en un 2019 muy especial. Con más de 200.000 botellas, un gran número de hectáreas propias y de otros viticultores, y exportaciones a 30 países entre los que destacan Alemania, Suiza, Estados Unidos o Canadá, esta firma familiar enclavada en Sotillo de la Ribera que fue una de las impulsoras de lo que hoy conocemos como Denominación de Origen Ribera del Duero.

No quieren crecer en producción. Su objetivo es tener calidad en sus productos. Y vaya si la tienen. Es lógico, trabajo no les falta. E ilusión, tampoco. Por ello, en un aniversario tan relevante, hemos querido reconocer su trabajo. El buen hacer de una familia cuyas generaciones mantienen vivo el deseo de Ismael, “que ojalá esto siga”. Dicho y hecho.

Alguna de las cepas de la bodega / Valsotillo

Ramón Arroyo, hijo de Ismael, reconoce que es “feliz” trabajando en la bodega. Que le sale solo. Fantaseando podríamos decir, incluso, que en vez de sangre sus venas tienen vino. Su hija recientemente ha comenzado a trabajar con él. Y espera, reconoce, que alguno de sus sobrinos también lo haga. En su bodega subterránea del siglo catorce guardan con cariño todos sus vinos. Los jóvenes como Mesoneros de Castilla, o los crianza como Valsotillo. Unas instalaciones tradicionales, una delicia para cualquier visitante.

Y es que de visitas saben mucho en Valsotillo. Fueron pioneros en otra actividad tan relevante en esta tierra como es hoy en día el enoturismo. Miles de personas han transitado su bodega, tratando de descubrir el secreto de sus vinos. Pero no hay secreto. Solo trabajo, esfuerzo y mucho cariño.

Y es que en unas fechas propias para pedir deseos, tenemos la certeza de que con esos ingredientes se cumplen. Es el perfecto ejemplo de Ismael Arroyo. Porque su deseo era que su familia siguiera manteniendo con orgullo lo que sus antepasados con tanto esfuerzo crearon. Y no es que solo siga vivo, es que sigue creciendo y mejorando. Y mientras sea así, él seguirá estando en sus viñas, en sus vinos, en su querida Ribera del Duero, y en el recuerdo de todos.

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