Lunes, 13 de Julio de 2020

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Dominio de Pingus: "Estamos haciendo los mejores vinos que hemos hecho jamás"

Peter Sisseck, creador y alma de una de las bodegas de referencia en España, nos relata el cuarto de siglo su historia en tierras ribereñas

Peter Sisseck, fundador de Pingus

Peter Sisseck, fundador de Pingus / Ribera y Rueda

A su perfecto castellano se le sacan matices daneses, porque fue allí donde nació. Peter Sisseck (Copenague, 5 de mayo de 1962) llegó hace más de 25 años a la Ribera del Duero, y cómo él dice entre risas “parece que me quedé sin gasolina en Peñafiel”. Pero no, gasolina tuvo y sigue teniendo, porque fue el precursor hace 25 años de una de las bodegas punteras de Ribera del Duero, Dominio de Pingus.

Esta bodega “surge en el 95 cuando yo llevaba varios años en Hacienda Monasterio”. “Como era joven y con ganas estaba inquieto, y viendo que había muchas cepas viejas quise hacer un vino propio; encontré una viña vieja muy buena de La Horra, pero eso empezó como un experimento de hasta dónde podía llegar un tinto fino en Ribera”, cuenta.

Sisseck, que apostó por el roble francés y no el americano como la mayoría de las bodegas de la tierra, nunca pensó que su nuevo proyecto gozaría de tanto éxito. “Fue una grandísima sorpresa, como que las estrellas se habían alineado. Todo comenzó por un tío que tenía amigos con mucho nivel en este mundo, probaron el vino y les encantó, se puso rápido de moda y no era algo previsto ni tampoco había un proyecto previsto, pero todo vino por la calidad del vino, es lo que ha hecho que haya sobrevivido”, relata.

Un éxito que no es fugaz porque aún perdura, pero es que no parece tener fin. “Ya son 25 años, hubo gente que le molestó ese éxito y dijo que no iba a aguantar porque era un vino moderno, y aquí estamos todavía… Estamos haciendo los mejores vinos que hemos hecho jamás, los de estas últimas añadas son espectaculares, así que no nos estamos durmiendo siquiera”, detalla el danés.

Viñedos de Pingus / Pingus.es

Una valoración bien merecida

Robert Parker -reconocido como el gurú de la enología- certificó con 100 puntos al Pingus 2004, esto es, la mayor puntuación posible, la perfección hecha vino. Esta puntuación llenó de alegría a Peter, cuyas creaciones venideras en algunos casos siguieron el ejemplo. Y llega a tanto la exquisitez de las últimas añadas, que el 18 y 19 van a estar cerca”. Para él, la clave del éxito reside “en la constancia”, teniendo en cuenta siempre “que del vino se aprende yendo hacia delante y hacia atrás”.

Y ahí está el camino del éxito. Porque el trabajo tarda mucho en verse recompensado. “Muchas veces es un proceso frustrante porque los resultados de un trabajo se ven 10 años después, es un proceso lento, pero como digo ahora estamos haciendo los vinos que nunca hemos hecho jamás... Pero en ello también hay que mencionar que son 25 años trabajando una viña de una forma específica”, remarca Sisseck.

En definitiva, el trabajo da sus frutos. Y no hay mejor fruto que la satisfacción y el orgullo que brinda un vino tan propio. Tan singular. Con aroma danés… y uva ribereña.

Charla con Peter Sisseck

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