Lunes, 03 de Agosto de 2020

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Guerra civil española

Desplazados de la guerra: de las bombas de Madrid al remanso de un pueblo de Cuenca

La historia de una familia evacuada al inicio de la guerra civil y refugiada en la localidad conquense de Albalate de las Nogueras

La abuela Juana junto a su marido y sus hijos antes de la guerra (Fausto es el segundo desde la izquierda).

La abuela Juana junto a su marido y sus hijos antes de la guerra (Fausto es el segundo desde la izquierda). / Foto cedida por la familia

En Hoy por Hoy Cuenca rescatamos del olvido la historia de una familia de desplazados al inicio de la guerra civil española que fueron derivados desde un Madrid acosado por el hambre y los bombardeos en el otoño de 1936 hasta el pueblo conquense de Albalate de las Nogueras. En el reportaje contamos con los testimonios de Fausto Sebastián, uno de los desplazados, que tenía entonces cinco años, y de su hija Pilar, que ha reconstruido la historia. También hemos hablado con la familia Muelas quienes les acogieron en esta localidad alcarreña. Completamos el reportaje charlando con la periodista Carolina Pecharromán, autora del relato La abuela Juana, protagonista de esta historia, y que acaba de publicarse en el libro Nietas de la Memoria, editado por Bala Perdida.

Reportaje emitido en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

A lo largo del otoño y del invierno de 1936 y 37, con una guerra civil que se extendía por toda España, la ciudad de Madrid sufrió un intenso bombardeo. Por sus calles buscaban refugio sus habitantes, como buscaban alimentos en una ciudad cercada. En ese escenario de bombas y hambre encontramos a los protagonistas de nuestra historia: Juana, una mujer que acaba de quedarse viuda tras la muerte de su marido en el frente republicano, y sus cuatro hijos pequeños. Además, está embarazada. Juana no había tenido una vida fácil. Criada en un hospicio en Burgos, con su matrimonio encontró la felicidad en Madrid, pero llegó la guerra.

Ante las dificultades decide seguir la recomendación del Gobierno de la República y evacuar a tres de sus hijos. En Madrid se queda con Fausto, que está cojo y enfermo, a la espera de dar a luz. Pero el invierno avanza y el hambre no cesa.

“Mi padre tenía una situación de guerra terrible”, nos cuenta ahora Pilar Sebastián, hija de Fausto, un niño de cuatro años en 1936. “Iba de la mano de mi abuela escondiéndose en portales, debajo de autobuses, pidiendo porque no había comida. Se pasaba mucha hambre porque Madrid estaba sitiada”. Finalmente, ellos también fueron desplazados de Madrid hacia un lugar más seguro en las provincias leales a la República.

Efecto de las bombas en el centro de Madrid durante la guerra civil. / Archivo Rojo

Hasta Albalate de las Nogueras, en la Alcarria de Cuenca, llegaron Juana, su hijo Fausto y su recién nacida hija llamada Milagros. La niña no sobrevivió a la guerra y falleció con corta edad, pero Fausto, que entonces tenía apenas cuatro años, recuerda ahora aquella escapada de las bombas de Madrid y el remanso que encontraron en Albalate. “Yo llegué cojito y con unos granos grandes en la cabeza que me tuvieron que llevar al médico a Cuenca”, recuerda Fausto. “Llegar a un pueblo en el que no hay guerra, en el que puede salir libremente y donde no pasan hambre, eso supuso para él que llegara cojo y saliera corriendo”, apunta su hija Pilar.

Actual plaza Mayor de Albalate de las Nogueras donde jugaba el pequeño Fausto en los años de la guerra. / Cadena SER

La familia Muelas Cabildo

En Albalate de las Nogueras encontramos a los otros protagonistas de esta historia, la familia de Antonio Muelas y María Cabildo, con seis hijos, trabajadores y organizados, que tenían lo justo para salir adelante pero donde siempre quedaba algo para compartir con los que menos tenían, como aún recuerda hoy, Juan José Muelas, que entonces tenía cinco años. “De la casa de mi padre ha comido pan casi todo el pueblo, dado por limosna. De allí no se iba nadie sin lo que quería”, dice.

María Cabildo en la hoz de Albalate en una foto tomada por Fausto Sebastián en un viaje posterior a este pueblo de Cuenca. / Archivo familia Muelas

A casa de la familia Muelas llegaron Juana y su hijo Fausto. “Supongo que sería porque teníamos una casa vacía y el Gobierno o el Ayuntamiento los mandaron aquí”, apunta Juanjo. Fausto aún recuerda aquella casa de la calle Soledad, con cuadras a la calle Carrera, de Albalate de las Nogueras. “Vivíamos en la planta de arriba y abajo había tres gallinas ponedoras”, nos dice Fausto que, de aquellos años de infancia vividos en un pueblo alejado de los bombardeos de la guerra, recuerda los juegos y la amistad con Cristóbal, otro niño desplazado “con quien nos juntábamos en la plaza del pueblo y jugábamos en el rollo”.

En el verano de 2018, la nieta de Juana, la hija de Fausto, Pilar Sebastián, recuperando la historia de su familia, llegó a este pueblo de Cuenca en busca de la familia Muelas. Buscaba el olor de su familia en aquella casa de Albalate y lo encontró en el recuerdo de Juanjo y de su hermana Delfina Muelas. “Llegar a Albalate y encontrarme con dos de los hijos que acogió a mi abuela en la guerra, fue muy emotivo para mí. Delfina se acordaba menos de mi familia porque ella era muy pequeña, pero Juanjo recordaba a mi padre que pasó allí desde los cuatro a los seis años. Además, tuve la suerte de que me enseñaran la casa en la que vivieron. Estar en el cuarto en el que durmieron mi padre y mi abuela fue muy emocionante para mí”, nos cuenta Pilar.

Pilar Sebastián entre Delfina y Juan José Muelas en el interior de la casa de Albalate donde vivieron su padre y su abuela durante la guerra, en una foto del verano de 2018. / Cadena SER

Pasaron las escarchas y llegaron los días de siega, y otra vez el frío y por fin una primavera. Con el final de la guerra, Juana y su hijo Fausto dejan Albalate de las Nogueras. Solo estuvieron aquí algo más de dos años, pero este pueblo ya ha marcado sus vidas para siempre. “Los años de Albalate son los que pasó felices en su infancia, tanto que cuando se casó, mi padre llevó allí a mi madre de viaje de novios”, apunta Pilar. “Estuvimos con la familia Muelas que nos enseñó la huerta y comimos con ellos”, recuerda Fausto. “Luego fuimos a Cuenca a ver las Casas Colgadas y la Ciudad Encantada”. Fausto ha vuelto un par de veces más por Albalate, siempre aprovechando viajes cercanos a Cuenca.

Fachada actual de la casa donde vivieron Juana y Fauesto durante la guerra en la calle Carrera de Albalate de las Nogueras. / Cadena SER

La historia de Juana continúo en Madrid y en el pueblo burgalés de Pinilla de los Barruecos, en casa de sus suegros. Pero la guerra deja dolor y muerte por donde pasa, y Juana se afana en recuperar a sus otros hijos evacuados.

Portada del libro. / Bala perdida

De los tres solo encuentra a uno. Del más pequeño le dan testimonios difusos sobre su muerte y queda sobre ella la sospecha de la mentira y del robo de su hijo. Del tercero solo sabe que está en Francia. Tendrían que pasar veinte años más hasta que Juana pudiera localizarle en Bélgica a través de la ayuda de Cruz Roja.

La historia de la abuela Juana ha sido recuperada ahora por la periodista Carolina Pecharromán y ha sido incluida en el libro Nietas de la Memoria publicado por la editorial Bala Perdida. Una decena de mujeres recuperan y narran otras tantas historias como la de la abuela Juana, gracias a la perseverancia por rescatar la memoria de sus hijos y nietas, como Pilar o su padre Fausto.

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