Lunes, 19 de Abril de 2021

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Teresa Velasco Portero

La brecha salarial

El pasado martes, 22 de febrero, se celebró el Día de la Igualdad Salarial. Suena raro hablar de celebración cuando se trata de un día destinado a concienciar sobre la existencia de la llamada brecha salarial de género, palabrejas que quieren decir que las mujeres ganamos menos que los hombres tanto si atendemos al salario medio que cobran unos y otros, como si atendemos a la retribución percibida por realizar trabajos de igual valor.

La existencia de brecha salarial es un hecho comprobado en todos los estudios realizados sobre el tema, y se produce en todos los países y en todos los sectores de actividad, y España no es una excepción. Sin embargo, hay mucha gente que se niega a creer que existe, simplemente por el hecho de que los convenios colectivos no contienen una lista de salarios para hombres y otra para mujeres.

Desgraciadamente la igualdad no es tan fácil de conseguir, y la brecha se explica por otros motivos. En primer lugar, porque en nuestra sociedad existen algunas categorías profesionales que están feminizadas y otras que están masculinizadas. Cuando los convenios o la empresa fijan los correspondientes salarios tienden a ponerlo más bajo a la categoría feminizada, aunque objetivamente sea un trabajo de igual valor que el de la masculinizada porque exija el mismo esfuerzo, la misma cualificación y la misma responsabilidad, tradicionalmente se les ha fijado un salario distinto. Esto no ocurre de manera intencionada, sino porque no se valora tras un estudio objetivo, sino por inercia, y tradicionalmente nuestra sociedad tiende a dar poco valor al trabajo que habitualmente hacen las mujeres. El ejemplo más claro es el de las limpiadoras, que tienen los salarios más bajos en todas las tablas salariales, a pesar de que exige un importante esfuerzo físico y gran parte de su trabajo es muy desagradable. El trabajo de un basurero, por ejemplo, entendemos que debe tener un plus por sus características, pero no pensamos en que debiese tenerlo también la persona que se encarga de limpiar unas letrinas.

Otro de los factores que influyen en la brecha es el hecho de que nuestros sistemas retributivos suelen incentivar la presencialidad más que el rendimiento, y eso es algo que perjudica a las mujeres porque asumen mayor carga familiar y por tanto les resulta más difícil quedarse más tiempo en el centro de trabajo. También los sistemas que premian la antigüedad favorecen la brecha, puesto que las mujeres tienen más temporalidad que los hombres y por eso tienen más complicado generar antigüedad. Y no olvidemos que, de forma muy llamativa, cuando se trata de salarios por encima de convenio, fijados por pactos individuales y secretos, es cuando la brecha se dispara y los hombres consiguen unas mejoras inalcanzables para ellas.

No es tan fácil, por tanto, acabar con la brecha, porque es necesario estudiar bien cada sistema salarial y hacer valoraciones objetivas tanto de los puestos para ajustar su salario base a su valor real, como de los complementos. Y esto significa que las empresas reconozcan humildemente que, aunque no sea su intención, probablemente estén discriminando, porque la discriminación no es algo que haga “la gente” o “los otros”, sino que existe porque lo hacemos todos. Lo bueno de esto es que si cada uno en nuestra empresa nos ponemos manos a la obra, acabaremos entre todos con esta injusticia de nuestra sociedad.

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