Sociedad

Gestionar "la abundancia" de agua centra La Ser en Verde

La SER en Verde (22/02/2026)

Cáceres

La situación del agua en Extremadura marca de nuevo la actualidad, en un invierno en el que “ha sido una continuidad de agua”, hasta el punto de que los embalses de la región alcanzan el 91% de su capacidad y acumulan 13.205 hectómetros cúbicos. “Hemos ganado 645 hectómetros cúbicos en la última semana”, un volumen que sitúa a Extremadura más de 5.000 hectómetros por encima de la misma semana del año pasado y “casi casi duplicamos la media de los últimos 10 años” destacaba al inicio del programa su conductor, José Luis Hernández, repasando como cada semana el estado de los embalses Extremeños. En esta ocasión, grandes sistemas como Alcántara —que “está con 3.020 de los 3.160”— o La Serena —que “ha abierto sus compuertas por cuarta vez de su historia”— ilustran esta situación excepcional.

Pero esa abundancia no es homogénea. En la SER en Verde han participado diferentes representantes de la "Mesa del Agua" para analizar desde el territorio como de real es esa abundancia de agua y cómo se puede gestionar, ahora que hay abundancia.

Desde el Valle del Jerte, el representante de las comunidades de regantes de este valle del Norte de Extremadura, explican que, pese a que “la estación meteorológica que hay en mi pueblo da más de 1.900 litros por metro cuadrado” desde septiembre, sus comunidades “no tenemos nada prácticamente, nada almacenada”. Allí solo disponen de “20 millones de litros para 1.200 hectáreas. Es decir, que es nada, nada. Un día, un día”. La falta de capacidad para guardar el agua deja en evidencia un problema histórico: “La consecución de las concesiones de agua para las comunidades relevantes de montaña es una historia interminable”, hasta el punto de que trámites iniciados en 2007 “todavía estamos en el comienzo”.

En La Vera, la situación se repite. Las acequias medievales que antaño retenían el agua están muy deterioradas. “Tienen 120 kilómetros de acequias que construyeron los ancestros y que las tenemos perdidas prácticamente”. Allí, cuando llueve mucho, “qué pena que llueva tanto, tan rápido, y que se vayan de nuestras montañas tan pronto”. Recuperar esos sistemas milenarios no solo beneficiaría a los regadíos: “las inundaciones abajo serían menos problemáticas seguramente”.

Los efectos del abandono en las montañas generan también riesgos ambientales. Hay zonas donde “todas esas bajadas de material y el agua ha colapsado las gargantas”, formando represas peligrosas. Además, el cambio climático complica la gestión de esta abundancia. Se avanza hacia un clima “de dos estaciones”, ha señalado Ángel Calle del colectivo Tierrasana, con episodios donde “van a ocurrir días de 100 litros que caigan durante una jornada y días de rachas de 100 kilómetros de viento”. El calentamiento hace que “las nieves aguantan menos en invierno en la sierra”, lo que elimina el deshielo progresivo que antes alimentaba los caudales. Por eso, aunque se registren “2.500 litros por metro cuadrado”, puede suceder que “en el mes de julio, hay gargantas que ya no podemos dar servicio porque, sencillamente, no hay agua”.

Esta contradicción —un territorio donde “estamos superando los 2.000 litros por metro cuadrado y tengamos problemas de riego en agosto”— se agrava porque sin concesiones no se pueden construir balsas, y sin balsas no se conceden permisos. “La pescadilla que se muerde la cola, increíble”. El problema afecta también al abastecimiento urbano: “no sea la primera vez que hay problemas para el agua de boca en muchos municipios del Valle del Jerte”.

La presión turística en verano complica aún más la gestión. “Triplicamos la población en verano”, dicen en La Vera, lo que convierte el agua potable en “un problema importante”. A ello se suma un uso poco responsable: “venir a la garganta y ducharte no tiene mucho sentido… ya viene con el agua limpia”.

El marco legal tampoco ayuda. Confederación “solamente te da concesión si almacenas agua”, pero al mismo tiempo impide captar agua en verano “porque quiere que circule por los caudales de las gargantas y de los ríos”. Para muchos regadíos tradicionales, esto hace imposible garantizar la supervivencia de huertos y pequeñas explotaciones: “Lo tenemos complicado, complicado”.

Desde la Mesa Social del Agua del norte de Extremadura insisten en que la solución pasa por el compromiso colectivo. Reclaman que “no puede haber soluciones individuales”, porque el agua es “un bien común que hay que preservar”. Piden apoyo a acequias históricas, ayuntamientos y comunidades de regantes que desean gestionar mejor este recurso pero encuentran “un verdadero corsé, tanto las leyes como la falta de incentivos”.

En zonas como la Sierra de Gata, donde llueve abundantemente, la dificultad no es la disponibilidad sino la gestión. “Tenemos capacidad de retención de agua, pero hay cero gestión”. Los huertos están abandonados, los muros caen y las terrazas desaparecen, generando “pérdida de suelo fértil, pérdida de oportunidades” y un paisaje cada vez más vulnerable a las lluvias torrenciales.

Pese a todo, los participantes coinciden en que este año “no va a haber restricciones para el arroz, ni para el tomate, ni para ningún cultivo de regadío”, pero advierten de que la abundancia en los embalses no debe ocultar las fragilidades del sistema. “Hablar de sobreabundancia de agua es no tener bien el foco”, porque la clave no está solo en cuánto llueve, sino en cómo se gestiona.

José Luis Hernández

José Luis Hernández llegó a la SER en el año...