Fuego y chinchetas
Ocio y cultura

Un Dcode ‘deluxe’

El doblete de Xoel López antes de una noche británica protagoniza el final de los festivales de verano

Xoel López, durante su actuación en el Dcode / Mariano Regidor

Madrid

Desde hace ya diez ediciones, el Dcode se ha convertido en la última gran fiesta de la música en España, con la ayuda del Granada Sound y el Brillante que colaboran en este (doloroso) adiós al circuito de festivales, al menos hasta el verano que viene. Esta vez con un solo día de conciertos y tras dos años en blanco por la pandemia del coronavirus, el Campus de la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid volvió a convertirse en ese recinto por donde pasan varias de las bandas más importantes del panorama nacional y alguna que otra píldora internacional como The Kooks, The Hives, Years & Years y Crystal Fighters. Pero es que además, este campo de rugby reconvertido en escenarios también ha sido el lugar donde ha revivido uno de los grupos más valorados del indie de los dos mil: Deluxe.

De hecho, la banda de Xoel López fue la encargada de abrir el Dcode cerca de las doce del mediodía. Si aún quedaban dudas de que el gallego sería capaz de arrastrar a miles de asistentes a esas horas intempestivas para cualquier festivalero que quiera aguantar hasta la última canción, tan solo tiene que ver los vídeos que publicaron en redes sociales con el recinto madrileño en pleno rendimiento. Catorce años después del carpetazo de Deluxe, los creadores de discos como Reconstrucción y Fin de un viaje infinito se volvían a juntar en un escenario ante su público (algo que ya sucedió también el año pasado en PortAmérica). Con bastantes más canas, y hasta con hijos, muchos de sus seguidores se presentaron para vivir a lo grande con un Xoel pletórico por el hito de, quien sabe, reconstruir la que fue su banda de juventud. El coruñés vive un gran momento en su proyecto en solitario –le hemos visto este verano saltando a la Plaza del Trigo de Sonorama–, pero escuchar ese cierre con Historia universal y Que no hace las delicias de su parroquia.

El sol pegaba fuerte mientras Deluxe repasaba El cielo de Madrid, El amor valiente (tema que suele entrar en su actual setlist), Adiós corazón y Colillas en el suelo, ésta última fue de las primeras en sonar. Xoel López volvía a demostrar su potencial sobre el escenario, y lo demostró una vez más en el Dcode donde hizo un doblete mágico ya que por la noche volvió a salir a las tablas, ya con sus discos actuales. Si ya era adorado por el público, la publicación de sus últimos dos trabajos Si mi rayo te alcanzara y Sueños y pan le han empujado a un abrazo total. Pocos serán los que tengan malas palabras para Xoel y pocos serán los que no disfrutan con canciones como Tierra, Ningún hombre, ningún lugar, Lodo o Alma de oro. El éxito siguió intacto ocho horas después pese a que los presentes ya no eran los mismos, y es que por la noche la presencia de los pequeños desapareció por razones obvias y aumentó el público más joven que en los primeros conciertos decidió estirar las horas de descanso o comer por los barrios cercanos a la Complutense de Madrid.

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Entre Xoel y Xoel, hubo gran variedad. Las primeras en aparecer fueron Ginebras. El cuarteto femenino sigue imparable con un verano donde casi no ha existido festival donde no han tocado. De hecho, hasta tres conciertos habían dado esta misma semana, un ritmo frenético que les bajó el suflé en parte de su show pese a los intentos de que no fuese así. La emoción sí que no disminuyó ya que el evento madrileño estaba situado al lado de la facultad de comunicación donde Magüi y Sandra, cantante y guitarrista, se conocieron. Colaron en su setlist Ansiedad, su nuevo tema donde visibilizan este síntoma de la mala salud mental que sufren los jóvenes de hoy en día. El colorido y divertido grupo lamentó que este fuese el último festi en el que aparecían en su cartel, pero celebraron que este parón servirá para llegar con más fuerzas para la exclusiva que dieron a la gente del Dcode: el 29 de octubre tocarán en La Riviera como fin de gira de su hasta ahora único disco Ya dormiré cuando me muera, donde podemos asegurar que cerrarán con La típica canción, sencillo con el que las conocimos en Fuego y Chinchetas. Al calor se sumó la purpurina que empezó a aparecer en las caras de un público que crecía a pasos agigantados, se llegó a contar 20.000 asistentes.

Fuel Fandango y Delaporte pusieron el toque de sudor para los que se quedaron dentro del recinto y no salieron a comer. Dos estilos muy diferentes pero igual de exaltados. Nita y Alejandro son una explosión musical sobre el escenario, mientras que Sandra y Sergio son una apisonadora con su electrónica-pop que repasa sus dos discos Como anoche y Las montañas. Una fusión que se muestra imparable cuando lo presentan en directo desde las reivindicativas Clap clap y Bang bang (que por cierto grabaron junto a Ginebras), hasta su versión de Toro del Columpio Asesino y las especiales Ni un beso y Un jardín. Un frenesí perfecto salvo por la hora y el clima casi de agosto que caía sobre Madrid en ese momento. St Woods, Thomas Headon y Maximo Park les siguieron.

Los suecos nacen donde quieren

Además de darse la casualidad de que Ginebras y Crystal Fighters (grupo al que la banda española le dedican una canción) coincidían en el cartel, Viva Suecia también se encontraban con unos suecos de verdad: The Hives. Pero parece que los suecos nacen donde quieren, ya que la banda que lleva por bandera esos colores amarillos y azules son de Murcia. Rafa Val, líder de Viva Suecia, sacó el repertorio que tantas alegrías les han dado a estos cuatro chavales que este verano han llegado a poner el cierre, nada más y nada menos, que al FIB. De verles tocar en los primeros horarios, en el camping de Sonorama y en escenarios pequeños, a ser una de las bandas más esperadas de este Dcode. Ahora hasta el actor y humorista Canco Rodríguez les presentan rapeando. Los murcianos apuntan ya a su cuarto disco, del cual han introducido bastantes temas en su setlist, como Rey desnudo, Justo cuando el Mundo apriete y la novísima Lo siento que casi estrenaron este sábado en Madrid. Un precioso tema que quizás aún no esté preparado para un directo ya muy trabajado por el que pasan de A dónde ir hasta Hemos ganado tiempo en un abrir y cerrar de ojos.

Las camisetas de la selección de fútbol sueca – pero con el logo de Viva Suecia–, así como las propias del merchandising de la banda, hacían presagiar las ganas del público por verles. Lo que te mereces, Bien por ti y Amar el conflicto es ya un final esperado pero disfrutado. Del día a la noche. Los que llevaban la camiseta amarilla de Suecia quizás también la llevaban para recibir a The Hives, banda de Fagersta. Estos verdaderos suecos volvieron a España, país que visitan con asiduidad, con su atuendo oficial: trajes negros y blancos. Y con todos sus temazos. Pelle Almqvist no se dejó ni Hate to say I told you so, ni I'm alive y ni mucho menos Tick Tick Boom. Un último tema que se estira en la inmensidad en el que aprovechan para presentar a la banda, para contar prácticamente su vida y seguramente para respirar tras la paliza de concierto que se mete el frontman de The Hives, con paseo por el césped incluido. Los pogos por fin tuvieron sentido en el Dcode desde el inicio con ese punzante Come on!.

Pelle Almqvist, vocalista de The Hives, durante su concierto en el Dcode / Mariano Regidor

Horas antes habían pasado Shinova y Carlos Sadness. Gabriel de la Rosa ya tiene ese empaque de gran artista sobre el escenario, y lo hace reconvirtiendo un setlist que ya les había llevado a sus mejores puestos en los festivales. Cartas de navegación, disco que les ha dado muchas alegrías, pasa a un segundo puesto ya que Ídolos (los mejores momentos están por llegar) y Te debo una canción son sus favoritas para cerrar su show. Sin embargo, el que tuvo retuvo… y es que Volver se cuela en ese final y Mirlo blanco (hasta ahora su gran final) sirve para corear canciones como Quédate que la noche sin tí duele de Quevedo y Bizarrap que los Shinova se atrevieron a tocar. Tras ellos el buen rollo de Carlos Sadness que también coló una canción de Bad Bunny, Ojitos lindos. Una técnica cada vez más usada entre el indie español. También se animó a rapear recordando viejos tiempos cuando era Shinoflow.

El momento británico

Tras los suecos The Hives fue turno para las tres bandas británicas encargadas de cerrar el Dcode. Years & Years captaron la atención de todos con su show.. Olly Alexander se comió un escenario en el que primero había una cabina telefónica para su Night call y que posteriormente se llegó a convertir en un baño sucio de garito. Hubo hasta un momento motomami con casco negro y una moto humana. Hallucination fue, perdón por el chiste, para alucinar. Una fiesta al nivel del bolo que los londinenses estaban presentando en Madrid. Una presencia que va más allá de la música, y es que cada vez vemos más conciertos trabajados en cuanto a la estética y presencia sobre las tablas. Hubo versión de los Pet Shop Boys con It’s a sin para llegar a un final casi de infarto con King. Sin duda uno de los conciertos más espectaculares. Contraste con The Kooks que calcaron su aparición en el FIB este julio, salvados eso sí por su gran arranque con Seaside, Sofa song y She moves in her own way. El rollo de los de Brighton se incrementa con el cierre más bailable con Junk of the Heart (Happy) y el temazo Naive.

El fin de fiesta fue de la mano de los ingleses (pero algo españoles) Crystal Fighters, ejemplo de ello es la txalaparta, instrumento de percusión tradicional del País Vasco y Navarra, que recuerda a las raíces de su vocalista Sebastian Pringle. Y tras ello, un no parar de temazos. I love London (casi nada) para empezar. Pese a parecer que Crystal Fighters está en letargo tras no publicar nada desde 2019, sus discos Star of love, Cave rave y Everything is my family se sirve por sí solos, pese a que su último, el Gaia & friends, pinchase en hueso. Follow, LA calling, Love is all I got, All night… siguieron la tralla del dance pop de los británicos. Y un final apoteósico con globos, fiesta y el público entregado cantando a pleno pulmón Champion sound, Love natural, At home y el final You & I. Las luces se encendieron y las caras de los ‘Dcoders’ se mostraron contentas y tristes. Alegres por lo que habían vivido en las 16 horas de música ininterrumpida, y melancólicos porque un día de festival se queda pobre. Eso sí, al menos para la próxima edición no hará falta esperar tres años para volver a disfrutarla.

Olly Alexander, de Years & Years, durante su actuación en Dcode / Mariano Regidor

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