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El nuevo gasoducto báltico no reemplazará las exportaciones del Nord Stream 1

El catedrático en Energías Ángel Cámara advierte que Polonia no podrá convertirse en la regasificadora de Europa

El nuevo gasoducto báltico no reemplazará las exportaciones del Nordstream 1

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La puesta en funcionamiento del nuevo gasoducto báltico que conecta a Noruega, como exportador de gas natural, con Dinamarca y Polonia ha sido calificada por la Directora General de Energía de la Comisión Europea, Ditte Juul Jørgensen, como una muestra del poderío energético de la Unión Europea frente al gas de Rusia pero el catedrático en Energías de la Universidad Politécnica de Madrid Ángel Cámara, explica que es solo una pequeña parte de la solución.

“El gasoducto báltico no ofrece a Polonia capacidad para convertirse en la regasificadora de Europa”, afirma el catedrático en Energías, Ángel Cámara. El gas que llega a Polonia desde Noruega no puede sustituir a las importaciones rusas que llegaban hasta Alemania a través del gasoducto Nordstream 1 y las que deberían haber empezado a llegar a través del Nord Stream 2 que nunca llegó a funcionar, como consecuencia de la guerra en Ucrania. Inutilizados ambos tras las explosiones registradas en aguas suecas y danesas.

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“El nuevo gasoducto lleva a Polonia unos diez billones de metros cúbicos de gas (bcms) aunque va a comenzar a funcionar desplazando entre tres bcms” explica Cámara, quien añade que esto equivale a una tercera parte de todo el gas que Rusia estaba vendiendo a Alemania a través del Nord Stream 1. Rusia redujo considerablemente el flujo de gas a Europa cuando comenzaron las sanciones por su invasión a Ucrania. De hecho, en su máxima capacidad, el nuevo gasoducto báltico solo podría suplir las importaciones que Polonia hacía de gas ruso, que equivalían a 10 bcms, a través de otro gasoducto, el Yamal–Europe.

Precisamente, sobre la hipotética escasez de gas ruso y la posibilidad de que el Kremlin utilizara su suministro a Europa como un arma política ya alertó el mismo Volodimir Zelenski, presidente ucraniano, en un acto oficial de agosto de 2021 junto a la por aquellos entonces canciller alemana Ángela Merkel. La propia Merkel se mostraba convencida de que las sanciones anunciadas a Rusia en caso de alterar el suministro protegerían el trasvase de gas entre Rusia y Europa. Hasta la guerra de Ucrania, Rusia “suministraba el 40 por ciento del gas que consumía toda la Unión Europea, unos 155 bcms” apunta Cámara, de los 340 que demandan los Veintisiete en un año.

Alemania y su absoluta dependencia de gas

Aun así, Alemania confió el 40% de su consumo anual de gas a Rusia, y pensaba duplicar esa dependencia con el gas que les llegara a través del nunca utilizado Nord Stream 2. De este modo, explica Ángel Cámara que el principal problema para Alemania no es encontrar nuevos socios confiables, sino su absoluta dependencia de gasoductos para poder abastecer su demanda de gas. La primera potencia de la zona Euro carece de plantas regasificadoras que le permitan recibir barriles de gas natural licuado (GNL) provenientes de barcos de cualquier parte del mundo.

Alemania depende, así, especialmente de las plantas regasificadoras de países como Italia o Francia con los que sí está conectada mediante gasoductos. Esta peculiar situación pondría en serios apuros a la principal potencia del euro si hubiera algún problema en esas conexiones gasistas porque “aunque Alemania presuma de tener sus reservas a más del 90 por ciento de su capacidad, estas se consumirían en solo un mes si dejaran de recibir gas”, advierte Cámara.

Por otro lado, el suministro sí está garantizado para España, porque Rusia solo ha estado aportando en torno a un 10% del gas según los últimos informes de Enagás - el operador del sistema gasista nacional- y lo hacía a través de barriles en barcos metaneros de GNL. En ese sentido, Estados Unidos está aumentando considerablemente las ventas de GNL a Europa y se está erigiendo como uno de los socios más confiables de la Unión, apunta el catedrático.

España consume 33 bcms al año, pero es capaz de almacenar alrededor de 60, indica Cámara. La capacidad de almacenamiento y regasificación otorga un papel especial a España en esta crisis: redirigir parte del suministro nacional hacia el resto de Europa o bien a través de barcos hasta Italia, para incorporarlo a las conexiones italianas con el resto de Europa tras regasificarlo allí o bien a través de los gasoductos con Francia. Sobre la última opción, añade Cámara: “las conexiones con Francia son por ahora muy reducidas, solo unos 7 bcms anuales; España debería haberse convertido en el hub regasificador de Europa”. De hecho, esta situación ha llevado recientemente al gobierno galo a reavivar las posibilidades de terminar el abandonado Midcat, un gasoducto que empezó a construirse para conectar Cataluña y el sur de Francia que se abandonó en una fase muy temprana y que el Elíseo se mostraba reacio a materializar.

 
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