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'As bestas', una digna ganadora de los Goya que se olvidan de la película más importante del año, 'Alcarràs'

La Academia solventó de manera rápida, inteligente y elegante el cambio de guion tras la muerte de Carlos Saura, un día antes de la ceremonia. Su Goya de Honor fue lo primero, con un sentido aplauso y con sus hijos y su mujer sobre el escenario

Los Goya se olvidan de 'Alcarrás'

Los Goya se olvidan de 'Alcarrás'

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Cuesta analizar una gala de premios, casi tanto como entender el resultado de unas elecciones. Todo lo que se diga al respecto son especulaciones y análisis que pueden, más o menos, acertar, vamos como una tertulia política. Lo incuestionable es que As bestas fue la gran triunfadora. Arrasó en el año del buen cine español. Unos premios que se olvidaron de repartir y se centraron en el thriller de Sorogoyen, dejando a cero el marcador de Alcarràs, la película milagro que ha iniciado esta renovación e internalización del cine español. En este año en que tanto se ha hablado de la calidad, pero sobre todo de la diversidad y la diferencia del cine, no hubo reparto, sino voto en bloque.

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As bestas es un fantástico thriller rural que habla de varias cuestiones que nos apelan en este mismo momento como individuos, pero sobre todo como sociedad. Lo rural frente a la ciudad, a quién pertenece un territorio o cómo hacer para convivir con aquellos que piensan y viven diferente. Sobre todo, como se genera el odio y la violencia entre vecinos. Nada malo puede decirse de esta película, la más redonda de su director, con una puesta en escena apabullante, un buen guion, buenas interpretaciones. Nueve Goyas se llevó, seguida de Modelo 77, thriller carcelario de Alberto Rodríguez, magnífica cara b de nuestra historia, como todo su cine. La victoria también es compartida con Cinco lobitos, ópera prima de Alauda Ruiz de Azua, un retrato sobre la maternidad y los cuidados que ha emocionado este año. Otra vez y ya van unas cuantas seguidas, una mujer gana en dirección novel, pero no consigue hacerlo en la categoría de dirección. Podía haberlo logrado Carla Simón, la ganadora del Oso de Oro, o Pilar Palomero, por La Maternal, otra buena película que pone el foco en historias en las que nadie se suele fijar.

Es complicado saber qué ocurrió, más allá de que As bestas ha sido la película favorita para la mayoría de los 2.100 académicos, y que, además, ha tenido también un eco en la taquilla con más de cuatro millones de recaudación hasta la fecha. La prensa hacía quinielas los días previos pensando que Carla Simón podría llevarse dirección, como si los académicos, antes de votar, se pusieran de acuerdo en cómo repartir las papeletas, o como si todo el mundo tuviera los mismos gustos o sensibilidades. "Se vota por el simple juicio, digamos, estético, pero también se hace por solidaridad, por compañerismo, por justicia histórica, por reparación también histórica o, los más encendidos, por patriotismo", escribía el crítico Luis Martínez en El Mundo, y tiene toda la razón. Cada uno de los miembros de la Academia, como cada uno de los españoles que aparecen en el censo electoral, vota con algo en la cabeza, con un impulso, ya sea la rabia, la ilusión o la dedicación a un partido o incluso, alguno y alguna hay, tras haberse estudiado el programa electoral de cada candidato. En el cine, lo mismo.

Esa es la realidad. Esa es la España que vota, en el cine y en la política. En esto último mucho más importante que en lo primero, pues de ese resultado depende el futuro de la sanidad pública, una de las reivindicaciones de la gala, de la educación y del futuro de la cultura, que no siempre es halagüeño. Sobre el cine y sus premios, la cosa no está en culpar a nadie, ni en discutir sobre gustos; sino en lograr que esos votantes sean cada año lo más diversos posible. De esa manera, quizá haya más reparto en los premios, como lleva ocurriendo desde hace algunas ediciones en los Oscar, y quizá o reflejen mejor el conjunto de la industria y, en definitiva, de la sociedad. En la Academia hay más hombres que mujeres, más académicos de Madrid que del resto de España. Esto puede explicar por qué en la categoría de dirección solo han ganado Pilar Miró, Icíar Bollaín e Isabel Coixet en las 37 ediciones. Este año estaba más cerca que nunca, por la calidad del trabajo de Carla Simón y porque había dos mujeres en esa categoría, Carla y Pilar Palomero.

Las mujeres y la diversidad, puede leerse del resultado de anoche, quedan para categorías de revelación. La dirección novel y los nuevos y nuevas actrices. Ahí es donde vimos a Laura Galán, ganar por Cerdita, y Telmo Irureta, por La consagración de la primavera. Dos películas completamente diferentes, pero cuyos directores e intérpretes han dado una visión de los cuerpos. En el caso de la película de Carlota Pereda, con un alegato contra la gordofobia y al belleza hegemónica. En el de Fernando Franco, aquellos cuerpos capacitados para todo, a pesar del rechazo y los obstáculos de esta sociedad. Ojalá esto no sea una anécdota de este año y esos premios abran la posibilidad para que todo el mundo, tenga el cuerpo que tenga, pueda imaginarse como lo que quiera, también como actor.

La de anoche de los Goya fue una gala irregular, como todas las galas del mundo mundial. Dar más de veinte premios no es fácil ni para un guionista, ni para un realizador, ni para un presentador. Tener a RTVE, aquí mi aplauso para Carlos del Amor y su guiño la memoria histórica- y a los patrocinadores detrás no debe ser fácil. Antonio de la Torre y Claro Lago -actores, que no cómicos- defendieron su puesto, con elegancia y sin olvidar cosas que ambos querían dejar dichas. Sanidad y educación pública, el Sáhara, una causa por la que el cine español ha peleado desde hace más de una década, el chuletón de Sánchez o lo de los Oscar de Feijoo. Hubo reivindicación, pero nada que ver con la gala de hace 20 años, la del No a la Guerra, que solo mencionó Jordi Évole al entregar el premio a mejor documental. Una gala que trajo castigos a los cineastas por expresar el sentir de la mayoría de la sociedad, pero como decía Évole, para muchos y a muchas fue una toma de conciencia política. Ojalá estas nuevas generaciones de creadores y de intérpretes no tengan miedo de ser, ante todo, ciudadanos.

De izquierda a derecha, los productores de &#039;As bestas y su director, Rodrigo Sorogoyen, durante los Goya

De izquierda a derecha, los productores de 'As bestas y su director, Rodrigo Sorogoyen, durante los Goya / Europa Press News

La buena noticia para la retransmisión es que subió cinco décimas de audiencia y que nada en ella fue bochornoso. Más de siete millones de personas vieron en algún momento la retransmisión. Quizá meter tanta actuación musical tampoco ayude a aligerar una gala que tuvo un arranque espectacular y emotivo. La Academia solventó de manera rápida, inteligente y elegante el cambio de guion tras la muerte de Carlos Saura, un día antes de la ceremonia. Su Goya de Honor fue lo primero, con un sentido aplauso y con sus hijos y su mujer sobre el escenario. Saura fue elegante hasta el final, su familia también, defendiendo la sanidad pública y la cultura ante millones de espectadores en un momento tan íntimo como el duelo.

Por cierto, si sorprende que Alcarràs, premiada en Berlín, como decimos, no haya ganado nada en España, solo hay que mirar años en los que Almodóvar ha ganado Oscar y no Goya. O la arrasada de Albert Serra en Francia y sus cero nominaciones en España. El gusto de los académicos y académicas es otro. No es ni mejor ni peor, los votos de cine, como decía Paul Newman, no son comparables a los de una carrera de coches, ni tienen base científica. Recordemos que el gran maestro Carlos Saura no ganó un Goya hasta ¡Ay, Carmela!

Pepa Blanes

Pepa Blanes

Es jefa de Cultura de la Cadena SER. Licenciada en Periodismo por la UCM y Máster en Análisis Sociocultural...

 
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