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Sociedad

¿Se puede dormir siendo un descerebrado?

Raquel Marín, neurocientífica y catedrática de fisiología, explica que, ya sea con cerebro o sin él, dormir es crucial para la supervivencia y el bienestar

En una conversación sobre el sueño, Raquel Marín reflexiona sobre el concepto "dormir descerebrado" y su importancia para todos los seres vivos. Dormir es esencial para la existencia, estudios científicos han demostrado que la privación de sueño hasta en animales puede llevar a la muerte.

El sueño es una actividad universal; desde las moscas y los peces hasta los mamíferos más grandes siguen ciclos de descanso y vigilia. Por ejemplo, los koalas y algunos murciélagos duermen hasta 20 horas diarias, mientras que elefantes y jirafas duermen solo de 2 a 4 horas. Los animales de granja, como gallos y vacas, suelen dormir menos de 5 horas y media.

Una creencia común es que el cerebro induce el sueño y que solo los animales con sistemas nerviosos complejos duermen. Sin embargo, investigaciones han demostrado que incluso organismos sin cerebro, como las medusas, dormitan. Las plantas también muestran patrones de "sueño" al modificar su fisiología durante la noche.

El sueño es necesario para la supervivencia y no depende del cerebro, la anatomía o el medioambiente. Todo ser vivo duerme en algún momento. Los cetáceos, como los delfines, practican el sueño unihemisférico, durmiendo con un hemisferio cerebral a la vez para mantenerse alerta a los depredadores. Algunas aves, como las fragatas marinas, duermen mientras vuelan, aprovechando breves periodos de recorrido. Los humanos también pueden experimentar un tipo de sueño unihemisférico, especialmente la primera noche en un lugar desconocido. Este fenómeno podría ser un mecanismo ancestral de vigilancia ante posibles peligros.

En cuanto a la relación entre sueño e inteligencia, personajes históricos y líderes han tenido hábitos de sueño variados. Benjamin Franklin dormía cuatro horas por noche, Thomas Edison tomaba siestas cada cuatro horas, y Albert Einstein necesitaba hasta diez horas de sueño. Margaret Thatcher dormía cuatro horas por noche y Donald Trump afirmaba dormir solo tres horas para tener ventaja sobre sus competidores.

 
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