El falso barón y el comisario espía: la red de agentes dobles que operaba en la Barcelona de entreguerras
El periodista David Revelles revela los detalles de la que define como "la historia más oscura" de la ciudad catalana

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Madrid
La Barcelona de entreguerras (1914-1936) estuvo marcada por una fuerte tensión social, el auge del movimiento obrero y la potente burguesía, además de un crecimiento urbano unido a una intensa conflictividad militar. Por ello, en esta nueva edición de SER Historia, Nacho Ares ha querido hablar de la que él mismo ha definido como "la historia más oscura de Barcelona", más concretamente del pistolerismo de la época.
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El periodista David Revelles ha publicado recientemente El Pistolerisme a Barcelona, un libro en el que narra lo que fue aquella época, un momento en el que la capital catalana, en plena Primera Guerra Mundial, era una zona "pérdida en el sur del Mediterráneo dentro de un país entre comillas neutral que tiene puerto y al que llegarán miles de personas huyendo de la guerra".
En este sentido, Revelles ha asegurado que a Barcelona llegó gente que buscaba un "horizonte de riqueza porque son conscientes de cómo es esa Barcelona; llegan aventureros", como es el caso de Frederick Stallmann, que se hacía llamar barón y que, en realidad, era "un espía doble", explicaba el periodista.
Barcelona estaba totalmente controlada
"Barcelona estaba absolutamente conquistada por los departamentos de espionaje y contraespionaje de todos los países que estaban luchando en la Gran Guerra". Stallmann era uno de ellos: en realidad, era director del Casino de Fuenterrabía (Guipúzcoa) y "todo un experto en tramas en el juego".
A su llegada a Barcelona, el alemán descubre "una ciudad que es una mina, con un potencial de primer orden para enriquecerse", y además hace amistad con "un personaje clave en este episodio de la Primera Guerra Mundial, y también de la España de la Gran Guerra: el comisario Manuel Bravo Portillo, el protagonista del gran escándalo de espionaje durante la Primera Guerra Mundial en España".
Un dúo con mucho poder
Revelles explicaba que ambos acabaron dirigiendo lo que se conocía en la época como "la banda de los 60" o "la banda negra", que era una banda de pistoleros y sicarios que, en nómina de la patronal de Barcelona, asesinaban y apaleaban a sindicalistas o anarquistas que hacían ruido en las empresas.
En definitiva, Stallmann era uno de tantos "personajes variopintos que llegaban a la ciudad en este periodo", y que formaban parte de una red de espionaje a través de la cual se constituían como agentes dobles al servicio de la patronal de Barcelona.




