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Por qué la naranja de un bodegón del Museo Thyssen ya presagiaba que el Estrecho de Ormuz es un enclave estratégico

Flamencos y portugeses se enfrentaron hace 400 años por controlar lo que ahora tiene en jaque al mundo

Bodegón con porcelanas y copa nautilo, de Willem Kalf (Museo Thyssen-Bornemisza). / Museo Thyssen- Bornemisza

Bodegón con porcelanas y copa nautilo, de Willem Kalf (Museo Thyssen-Bornemisza).

Madrid

Lo que está pasando en el Estrecho de Ormuz (o, más bien, lo que no está pasando) tiene efectos directos en la economía global, incluido el precio de nuestros alimentos. Pero la guerra que EEUU e Isreal están librando contra Irán cuenta con precedentes históricos que, en algunos casos, están perfectamente explicados en un cuadro.

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El Bodegón con porcelana y nautilo, de Willem Kalf (1660), cuelga discretamente de una de las paredes del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid y, aunque no lo parezca, habla del enclave estratégico en el que, a día de hoy, aguardan cientos de petroleros.

"El Estrecho de Ormuz siempre ha sido un punto caliente y en la historia del arte hay muchas referencias, aunque a veces no seamos conscientes porque aparecen en un segundo plano", explica el gastrónomo y escritor Jorge Guitián, que acaba de participar en el Congreso del Bienestar y las Artes de Cáceres, organizado por la Cadena SER.

Naranjas dulces y naranjas amargas

"En el bodegón de Willem Kalf, el motivo principal es una naranja y, aunque tiene motivos clásicos como la fugacidad de la vida, el paso del tiempo o el decaimiento, hay que tener en cuenta que, en ese momento, las naranjas dulces eran unas grandes desconocidas", detalla.

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Gastro SER | Rosa Tovar y René Redzepi

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Las naranjas amargas habían llegado por Al-Ándalus, pero las dulces las trajo el Imperio Portugués, y en ese momento había un conflicto entre flamencos y portugueses con epicentro en el Estrecho de Ormuz.

"Corte de comunicaciones, paso de mercancías... Lo mismo que está pasando ahora, pero en el siglo XVII y explicado a través de una naranja", explica Guitián, quien antes de dedicarse de lleno a la gastronomía estudió Historia del Arte y trabajó como gestor cultural.

Cuando la historia rima

"La historia se repite o, por lo menos, rima", asegura el gastronómo gallego, quien impartió una pequeña clase magistral en el Teatro Capitol de Cáceres, abundando en la geopolítica de la naranja y conectando esa disputa del siglo XVII con el conflicto que, ahora mismo, lleva tres semanas acaparando el interés de todo el mundo.

Panes soviéticos, de Ilya Mashkov (1936).

Panes soviéticos, de Ilya Mashkov (1936).

Apoyándose en la historia del arte, Jorge Guitán demostró que llevamos siglos conviviendo con luchas por el poder y la expansión comercial entre potencias. En el siglo XVII, por los alimentos, la seda, las alfombras o las especies, y ahora por el gas y por el petróleo.

Jorge Guitián acaba de publicar el ensayo De lentejas y caviar (Col&Col), pero también está previstó que en junio salga Comer con los ojos (Espasa) un "recorrido por el arte a través de la gastronomía" en el que también ha incluido otras dos obras de las que habló en Cáceres.

El pavo y los panes

Por un lado, los Panes soviéticos, de Ilya Mashkov (1936). Un cuadro que, frente a las hambrunas que debilitaron a Stalin, muestra la riqueza y la diversidad de la URSS, cohesionándola a través de algo tan simbólico como el pan: barras, bollos, tortas, hogazas, pan negro... Piezas cuidadosamente seleccionadas por lo que, políticamente, representa su presencia o su ausencia. Una manifestación gastronómica del imperialismo ruso, en definitiva, que también sigue muy vigente.

Libertad por necesidad, de Norman Rockwell (1943).

Libertad por necesidad, de Norman Rockwell (1943).

Por otro lado, Libertad por necesidad, de Norman Rockwell (1943). Una pintura que, en un momento de gran incertidumbre y con muchas familias rotas por culpa de la II Guerra Mundial, evoca ese ideal estadounidense por el que merece la pena luchar, y lo hace a través de una familia blanca, convervadora y puritana, que está a punto de compartir un pavo asado (otro símbolo). Una imagen que conecta de maravilla con el lema trumpista Make America Great Again y que, sin duda, podría estar presidiendo a día de hoy el despacho oval.

Jorge Guitián, autor de la newsletter Carreteras secundarias y colaborador de medios como Traveler o La Vanguardia, defiende que la cocina puede llegar a considerarse arte, pero también asegura que la gastronomía posee un valor cultural incalculable y que esa consideración, en realidad, es lo de menos.

Carlos G. Cano

Carlos G. Cano

Periodista de Barcelona especializado en gastronomía y música. Responsable de 'Gastro SER' y parte del...

 

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