El flechazo que cambió para siempre la historia de Europa: "Estaba convencido de que era el elegido de Dios"
El historiador Dan Jones nos habla sobre el reinado de Enrique V de Inglaterra

El rey Enrique V en una de sus batallas. / Hulton Archive

Madrid
De Enrique V de Inglaterra se han dicho muchas cosas. Entre ellas, que era un fiestero, un rebelde sin causa y que le gustaba el alcohol como al que más. Todo ello por culpa, principalmente, de un William Shakespeare que ofreció una imagen distorsionada del que fuera rey entre los años 1413 y 1422 en la obra de teatro Enrique V. Sin embargo, no era realmente así. Así nos lo ha explicado el historiador británico Dan Jones, autor de la última biografía de Enrique V, quien ha visitado esta semana SER Historia para hablarnos acerca de este joven rey inglés y la verdad detrás de todos esos mitos.
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En sus obras de teatro, William Shakespeare daba a entender que el heredero se pasaba todo el día bebiendo en las tabernas y que, cuando cogió el testigo de su padre, experimentó una transformación mágica hacia la madurez. Pero no fue así. Según cuenta el historiador, Enrique V fue un joven culto, reflexivo y muy implicado en el gobierno mucho antes de ser rey. Quienes sí que se pasaban el día en las tabernas eran sus hermanos menores, Tomás y Juan, en quienes acabó inspirándose Shakespeare para crear la imagen del rey de Inglaterra para sus célebres dramas.
El flechazo que cambió para siempre Inglaterra
Lo que sí que es cierto es que hubo un antes y un después en su vida. Hablamos sobre la Batalla de Shrewsbury, en la que Enrique V recibió un flechazo en la base del cráneo. Una herida casi letal, pero de la que se acabó salvando tras una operación muy complicada. A partir de entonces, Enrique V empezó a pensar que Dios lo salvó por un motivo: "Esta idea de que su vida obedece a la voluntad divina es el hilo vital que atraviesa toda su existencia. Al final se toma muy en serio su destino y su destino considera que es luchar, ganar y reclamar lo que considera que es suyo por derecho propio".
Desde entonces, el rey comenzó a verse infundido de la gracia divina y empieza a atribuirle a Dios tanto sus éxitos en el campo de batalla como sus fracasos. Entre ellos, cuando cae de repente enfermo de disentería y finalmente acaba muriendo: "Al final eso también lo ve como parte de la voluntad divina de Dios". De hecho, aprovechó lo poco que le quedaba en este mundo para intentar poner en marcha su plan más ambicioso de siempre: reconstruir los muros de Jerusalén.
El plan final de Enrique V
Mientras agonizaba, Enrique V les pidió a sus capellanes que le cantaran los Salmos Penitenciales. En el momento en el que los sacerdotes llegaron al versículo del Salmo 51 en el que hablaba sobre los muros de Jerusalén, el rey les interrumpió para explicarles el gran plan de su vida. Después de conquistar y pacificar Francia, Enrique V quería organizar una cruzada para viajar a Tierra Santa y reconstruir físicamente los muros de Jerusalén.

Pero no pudo lograrlo. El rey murió varios días después y nunca le dio tiempo a cumplir su plan divino. No obstante, lo asumió entendiendo que era parte de su misión en el mundo y que si se marchaba antes de tiempo es porque Dios lo quiso.

David Justo
(Astrabudua, 1991) Periodista especializado en tecnología que aborda la vida digital desde otro punto...




