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SER Historia: 'El Enigma Sumerio'

La cultura sumeria (IV-III milenio a. C.) es una asignatura pendiente del gran público. Y le sobran motivos para todo lo contrario. Inventaron la escritura, la rueda, construyeron las primeras ciudades de la Historia y sus descubrimientos arqueológicos están repletos de momentos grandiosos y también siniestros

Detalle carnero sobre el árbol de la vida. Tumbas Reales de Ur en el Museo Británico /

El arqueólogo inglés Charles Leonard Woolley (1880-1960) ha pasado a la historia de la arqueología como uno de los descubridores más importantes gracias al hallazgo y excavación de las tumbas reales de Ur - hoy Tell Muqqayar -. Como dijo C. W. Ceram, autor de Dioses, Tumbas y Sabios, se trataba del descubrimiento más interesante y, al mismo tiempo, del más espeluznante.

El grafitero "El Rojo" nos hace una demostración / El programa de esta semana está dedicado al mundo del Grafiti. Nos acompaña "El Rojo" uno de los grafiteros más conocidos a nivel nacional que nos ha realizado una demostración para que veamos cómo trabaja. Un cuadro que representa a nuestros oyentes, una oreja / GUILLERMO MARQUEZ

El equipo de SER Historia. De izquierda a derecha, la voz de las intros, Julio López. Junto a él Carlos Nicolás, nuestro técnico del programa 200. Fermín Agustí, el "producidor" del programa, Nacho Ares, María Belchi, esa crack de las músicas, Alba Morales, nuestra belleza rubia y Enrique Hernández, que es incapaz de cerrar la boca ni en las fotos

En el otoño de 1922 apareció el cementerio real aunque la excavación propiamente dicha no llegó hasta el año 1926. El hallazgo más aterrador se logró en la temporada 1928-1929 cuando, teniendo solamente a su esposa como colaboradora científica y 140 trabajadores, Woolley se topó con 450 tumbas, entre ellas las de los reyes de Ur y la fosa PG 1237, que por su contenido no dudaron en bautizar "de la muerte". Todos los sepulcros pertenecían a la época clásica de la cultura sumeria, hacia el 2500 a. de C.

La Fosa de la Muerte

En aquella sepultura estaban los restos de 74 esqueletos femeninos, al parecer damas de la corte que se habían enterrado frente a la tumba del rey. Entre el impresionante ajuar había numerosos instrumentos musicales de oro y plata y, junto a la esquina suroeste el famosísimo carnero rampante de oro, irónicamente apoyado sobre el árbol de la vida y que se conserva en el Museo Británico de Londres. Los cadáveres aparecieron con los brazos doblados, llevándose las manos a la boca. Junto a cada uno de los cuerpos, ricamente engalanados, se descubrió una copa.

El propio Woolley pudo reconstruir la macabra ceremonia siguiendo los restos allí descubiertos. "He aquí que se percibe el rumor de un procesión que se acerca por el pasillo - comenta el arqueólogo -. (...) Luego vienen los carros con los animales de tiro, bueyes o asnos, aurigas, que los hacen bajar o los empujan hacia abajo. Cada hombre y cada mujer lleva una pequeña copa; lo único que necesitaban para la horrible ceremonia. Los músicos tocaban. Luego cada cual apuró su copa - en medio de la fosa se hallaba un gran recipiente del que todos podían tomar bebida (opio o quizás hachís) - y después se acostaron en espera de la muerte".

Para sorpresa del arqueólogo británico, la Fosa de la Muerte no era el único ejemplo de sacrificios humanos en las tumbas reales de Ur. En muchas otras los suelos estaban repletos de cadáveres de hombres y mujeres que habían sido inmolados allí mismo, aparentemente, de forma violenta. Woolley también relata el caso de un auriga que fue asesinado sobre su carro y junto a los bueyes del mismo. En otro ejemplo, en la tumba de la reina Shub-ad, aparecieron las damas de honor en dos filas y, al final, el cadáver del desdichado arpista tañendo las últimas notas de su macabra tonada.

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