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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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La reconciliación

2013 será siempre el año en el que murió Mandela. Este año nefasto para las libertades y luchas ciudadanas tenía que acabar mal inevitablemente y ha acabado con la vida del último símbolo universal de la lucha por la libertad, la igualdad y la justicia. Su muerte a principios del último mes parecía el punto final prematuro de un año que tiene prisa por despedirse para no provocar más estragos, aunque también ha servido para recordarnos que no tenemos que darnos por vencidos por muy larga que sea la pelea y que hay hombres que han conseguido doblegar a la tiranía y la injusticia. Mandela ha muerto pero Mandela vive. Como gritan en las calles de nuestro país, la lucha sigue de norte a sur, de este a oeste, cueste lo que cueste. Ese es el mensaje del líder surafricano con el que nos gustaría terminar este año. Por eso queremos terminarlo con un Mandela español que sigue vivo. Lo dijo en twitter, Pilar del Río, la compañera y traductora de Saramago: "Muere Mandela y pienso en Marcos Ana, decenas de años preso por pensar distinto. También es mi héroe: a ellos y a otros semejantes, gracias", escribió. Son muchas las coincidencias entre Madiba y el poeta español, aunque este último no sea mundialmente conocido. Nacieron casi al mismo tiempo y ambos, comunistas, estuvieron más de 20 años en la cárcel por defender la igualdad entre los hombres, fueron torturados entre rejas y cuentan que sobrevivieron gracias a la poesía y a la fuerza de sus ideas. Ambos recorrieron después el mundo dando testimonio de la lucha por la libertad en nombre de sus compañeros. Y ambos tuvieron el mayor gesto de grandeza que puede tener una víctima: perdonaron a los verdugos que les humillaron y golpearon brutalmente. Ese es su mayor legado: que solo a través del perdón es posible la reconciliación. Hasta aquí las semejanzas. Aquí empieza la única pero radical diferencia entre ambos. Mandela pudo enseñar esa difícil lección a su pueblo. Mucho me temo que Marcos Ana morirá sin ver ese sueño cumplido. Cuando murió Mandela, el mundo entero recordó cómo logró la convivencia en Sudáfrica convenciendo a los oprimidos de que perdonaran a los opresores. Hasta la derecha española se llenó la boca con la palabra "reconciliación" pero olvidaron una vez más que en España no ha existido, precisamente porque la derecha lo ha imposibilitado. Para que haya reconciliación, las víctimas tienen que tener la oportunidad de perdonar a los verdugos. Pero en nuestro país ni siquiera se ha reconocido que hubo víctimas. No se ha reconocido que hubo unos vencedores que pasaron a los vencidos a cuchillo ni que somos el segundo país del mundo con más desaparecidos, después de Camboya. España sigue sin recuperar a los más de 140.000 desaparecidos del franquismo y cada intento por desenterrar a esas víctimas del olvido, es atacado por una derecha que se siente culpable de unos crímenes que nadie les va a imputar. Ha tenido que venir un tribunal argentino para que por primera vez la Justicia reconozca que en España ha habido víctimas y verdugos. Para eso sirve la Memoria Histórica: no para reabrir heridas, como dice siempre la derecha, sino para darle la oportunidad a los heridos de cerrarlas y de perdonar a quienes les hirieron. Marcos Ana es el ejemplo vivo de que las víctimas han tenido la generosidad infinita de perdonar. Por eso es imperdonable que no se les reconozca ni siquiera el perdón. Pero, claro, para aceptar el perdón del otro hay que tener el coraje de aceptar que ha habido culpables y la derecha franquista de este país que aún campa a sus anchas por el gobierno y la justicia, carece de ese valor que solo tienen los hombres grandes. Mientras no se permita a las víctimas perdonar, no habrá reconciliación y España seguirá dividida.

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