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PLAY GASTRO DESTINO CÁDIZ | EL BRINDIS

Y el Goya al mejor guía gastronómico de Cádiz es para… ¡Julio de la Rosa!

No nos hemos vuelto locos, es que si existiera esa categoría en los premios, se llevaba la segunda estatuilla a casa. Por eso, te advertimos desde el principio: si lees esto en la oficina, vas a sufrir

En la cocina de Julio de la Rosa nunca falta aceite de su tierra / CARLOS G. CANO

Madrid

Julio de la Rosa apenas tiene acento ya. Nació en Jerez y su apellido denota ascendencia árabe. Hace muchos años que dejó Cádiz pero siempre que puede va allí a ver a la familia y, como él dice, a “contemplar el océano”. Su refugio está en Zahora: “Me suelo quedar en La Aceitera, un rinconcito donde además se come muy bien. Allí también está El Antojo, que te ponen una carne de retinto que está exquisita”, dice relamiéndose y explica que vaca retinta es una raza bovina de esa zona. (Escucha El Brindis a partir del minuto 37:40 de Play Gastro):

Play Gastro #70 | Destino Cádiz

48:19

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El padre de Julio de la Rosa es el surfista más viejo de España. Con 80 años sigue pegado al mar, dando clases de windsurf y paseando por la orilla cada día. Cuando los dos eran más jóvenes, iban juntos a pescar: “Mi padre se peleaba cuerpo a cuerpo con los pulpos pero yo no me metía con los arpones, prefería mirar. Yo creo que ahí se empezó a dar cuenta de que su hijo le había salido un poco raro”, bromea. Tan raro le salió el niño que acaba de ganar su primer Goya por poner música a La Isla Mínima, la última película de su amigo Alberto Rodríguez.

Para contemplar el océano al mismo tiempo que se satisface el paladar, recomienda encarecidamente dos sitios. El primero está en Caños de Meca: “La Jaima es un bar a pie de playa que tiene comida exótica internacional muy rica, desde comida vietnamita a árabe”, cuenta este experto en hummus y taboulé.

El segundo está en Tarifa, concretamente en Punta Paloma. Allí, la espectacular terraza en un acantilado al mar de El Mirlo, ha resistido pese a las adversidades: “Lo montaron hace muchos años y más tarde esa zona la convirtieron en base militar, así que para ir al restaurante tienes que decir que vas a comer y ya te dejan pasar la barrera militar” -explica- “tiene pescados maravillosos y carne de retinto también”.

La espectacular terraza del restaurante El Mirlo / RESTAURANTE EL MIRLO

Desde la terraza de El Mirlo se ve África perfectamente. Al otro lado del Estrecho, a modo de espejo, hay otra terraza muy similar que da título a una de las canciones que Julio de la Rosa compuso para Siete Vírgenes: Café Hafa. Un bar en varios niveles en Tánger que, sobre todo en los años 70, fue punto de encuentro de la bohemia intelectual y musical de la época. Por allí pasaron, entre otros, Los Beatles o Los Rolling.

Siguiendo la ruta de la costa llegamos a Bolonia: “Un sitio maravilloso donde, además de las ruinas romanas espectaculares a pie de playa, está el restaurante Las Rejas. Directamente lloras con el arroz con carabineros, es una gozada”, creo que no hace falta añadir nada más.

Y en el interior, todavía queda una joya por descubrir. En la parte de debajo de Vejer de la Frontera, en Santa Lucía, está la venta El Toro: “Es un sitio donde sólo hay huevos fritos con patatas, eso sí, te puedes imaginar cómo están esos huevos. Está al aire libre, en una especie de casita, muy andaluz… a mediodía puede hacer como 20 personas, todos comiendo huevos fritos con patatas. Y la verdad es que no les va nada mal, ¿eh?”, palabras de un parroquiano fiel de este bar tan especial.

A estas alturas de texto parece increíble que, hablando de Cádiz, todavía no haya salido la palabra pescaíto. La explicación es simple: De la Rosa dice que allí “está bueno en casi todas partes”. Por eso, prefiere recomendar el atún de almadraba de El Campero, en Barbate, o las papas aliñás del Barbiana, en Sanlúcar de Barrameda. De su ciudad, Jerez, se queda con el brandy de Cardenal Mendoza y un sitio que ha abierto hace poco en la plaza del Mamelón que se llama Bocarambo, en el que el vinagre de Jerez está muy presente en todos sus platos. Vinagre como las canciones de Julio de la Rosa: agrias y, al mismo tiempo, el aliño perfecto de la vida.

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