Domingo, 25 de Octubre de 2020

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Crepúsculo marida el vino con bakalao

La quinta edición del Enofestival consolida la apuesta enomusical estrenando sede y con las actuaciones destacas de Joe Crepúsculo, Carmen Boza, Luis Brea y Soleá Morente

Soléa Morente y su banda, durante la actuación en el Enofestival 2016.

Soléa Morente y su banda, durante la actuación en el Enofestival 2016. / C. G. CANO

De la solemnidad del Círculo de Bellas Artes a la comodidad ribereña del TeatroGoya Multiespacio. El Enofestival ha cambiado de continente, pero no de contenido. Una mudanza que permite al público disfrutar de la música sin codazos y también campar a sus anchas entre cata y cata. Pero la consalidación del maridaje entre vino y grupos indie empieza a pedir un cartel más ambicioso, con más madera y menos gaseosa.

A Soleá Morente, por ejemplo, se le quedó pequeño el escenario. La cantante granadina llegó acompañada de cinco músicos con pinta —como ella— de haber crecido escuchando a Los Planetas, pero a lo largo de la actuación (y para deleite del público) quedó claro que, en mayor o menor medida, todos se habían caído alguna vez dentro de la marmita del flamenco: cajón, guitarra, palmeo, baile...

Con temas como Nochecita Sanjuanera o La Ciudad de los Gitanos, Soleá Morente desplegó su imponente don de seducción escénica: sus gestos, su fuerza, su mirada, su sonrisa y, sobre todo, un vozarrón que, lejos de empalagar, dejó boquiabierto a un público acostumbrado a voces que no pasarían ni el primer cásting La Voz.

Teniendo en cuenta que eran los cabezas de cartel y que cada tema se llevaba una ovación, el concierto fue corto. Después de tocar Oración ya empezaron a despedirse con Esta no es forma de decir adiós. Luego convocaron un pequeño referéndum: "¿Todavía o el Tonto?", preguntó Soleá Morente. Pero al final, por aclamación, cayeron las dos.

El encargado de cerrar la jornada fue el greñudo Joe Crepúsculo, un catalán de Lavapiés con un pasado de electrop melódico que ahora, sin embargo, parece entregado al chumba-chumba: "¿Queréis bakalao?", preguntó vacilón. Y es que el repertorio de sus siete discos ofrece muchas posibilidades, pero él se centró en los hits más discotequeros.

Nuevo Amanecer, Suena Brillante, La verdad... Mientras medio aforo atendía —vasito de vino en mano— con cara de estupefacción, la otra mitad lo daba todo a golpe de sintetizador. Y eso que, contra pronóstico, no llegó el momentazo Sangre y alquitrán, una composición de Joe Crepúsculo grabada con voz de Soleá Morente para la banda sonora de Toro. El cameo estaba a tiro, pero tuvimos que conformarnos con A fuego, La canción de tu vida o la exorcizante Mi Fábrica de Baile.

Acordes y vino de todos los colores

La música había empezado a sonar 12 horas antes. Con buena parte del público aún en su casa y otra buen pellizco de gente catando vermut, la asturiana Lorena Álvarez mostró en qué consiste su peculiar revisión del folk del Principado y lo hizo con gracia, a ritmo de bombo y sin ocultar su (¿injusta?) condición de telonera elevada a la quinta potencia. Acabó repartiendo calendarios de 2016 y cantando Muchas gracias.

Luego le llegó el turno a las guitarras de Trajano! y a la sorprendente grave voz de su vocalista, Lois Brea. Pero tratándose de uno de los grupos que más expectativas han generado últimamente, su directo resulta un tanto decepcionante. Quizá porque, salvo excepciones como Árpád Descansa, los temas aún no están a la altura del potencial de la banda. Alguna versión ilustre elevaría el nivel de su directo, sin duda.

El oficio de Luis Brea (y la acumulación de vinos, probablemente) sirvió para caldear el ambiente. El músico madrileño empezó yendo al ataque, con El verano del incendio, para luego seguir desplegando sus armas poco a poco. Su indie rock de manual ganó personalidad con la interpretación a capella de  "Baso" es con "V", sentó al publico con Automáticamente y explotó el encanto bossanovero de Dicen por ahí.

El Enofestival difundE la cultura del vino entre un público muy heterogéneo. / C. G. CANO

El concierto de Los Nastys fue el momento más peleón de la tarde y, de hecho, buena parte del público decidió aprovechar su actuación para ir a probar los vinos o tomar un poco el aire. Mucha burbuja y poco tanino...

La actuación de la gaditana Carmen Boza, sin embargo, sorprendió por su energía rockera y, al mismo tiempo, camaleónica. Por momentos recordaba a Christina Rosenvinge o a Natalia Lafourcade (Desconocidos), pero sin renunciar a la accesibilidad de Quique González o a la oscuridad de Maika Makovsky o PJ Harvey (Fieras).

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