La tormenta perfecta
¡Fuera la política cortoplacista! O cambian el chip y miramos a larga distancia o nuestro legado será dejar un desastre social de proporciones bíblicas

Madrid
Hace 22 años, durante el último Gobierno de Felipe González, el entonces ministro Pedro Solbes organizó un buen follón cuando puso en duda la viabilidad del sistema de pensiones a medio y largo plazo. Aún recuerdo la catarata de ataques que recibió, hasta el punto de que el propio Felipe tuvo que salir a la palestra para tranquilizar al personal.
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Un año después -poco antes de que Aznar entrara en la Moncloa- aquel gobierno socialista zarandeado por los escándalos de Roldán, de Mariano Rubio o de FILESA, entre otros, consiguió un hito histórico: que fue la firma del pacto de Toledo. Ese acuerdo entre partidos, empresarios y sindicatos ha servido para que las previsiones de Solbes no se cumplieran…pero hay que reconocer que tenía más razón que un santo, y el tiempo le ha dado la razón. De hecho, la llamada hucha de las pensiones, el fondo de reserva que tanto dinero llegó a acumular, se agotará antes del próximo verano. O sea, que nos habremos pulido en cinco años casi 70.000 millones de euros. El tema es muy serio, y así se ha reflejado en el debate de hoy en el Congreso.


Pero a la crisis de las pensiones hay que añadirle algo muy importante, importantísimo, que es la dependencia: o sea, el número cada vez mayor de personas que necesitan ayuda, que no se pueden valer por sí mismas, y los recursos públicos –a todas luces insuficientes- que se dedican a ellas. El sociólogo Javier Callejo dice hoy en el Huffington Post que esta es una bomba de relojería, y la verdad es que tampoco le falta razón. Así que ya no sirve mirar hacia otro lado: tenemos un país envejecido, con baja demografía, con una tasa de paro brutal, con salarios más bajos, todo ello supone menos ingresos; pero con un número cada vez mayor de pensionistas y dependientes. Y además vivimos más años...la tormenta perfecta.
Conclusión: ¡Fuera la política cortoplacista! O cambian el chip y miramos a larga distancia o nuestro legado será dejar un desastre social de proporciones bíblicas. La duda es si aún estamos a tiempo de evitarlo.




