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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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“Billy El Niño era un sádico compulsivo, apestaba a alcohol mientras me pegaba"

Punto de Fuga sienta a dos víctimas del franquismo, no se conocen, les separan varias generaciones, pero comparten verdugos, y un objetivo, que castiguen a sus torturadores

Felisa Echegoyen (62) abrazada a Antonio Narváez (83) /

Escucha el programa íntegro:

Esta semana en Punto de Fuga hemos hecho un experimento. Hemos sentado en el estudio a dos personas, que no se conocen, pero que comparten mucho - y así, ha quedado demostrado tras el experimento- .

Escucha aquí, ese 'experimento':

Les separan varios años, varias generaciones, también les separan kilómetros y kilómetros de distancia. Pero a las dos, les une algo, les unen los mismos verdugos. A ella, un torturador, Billy El Niño, “era un policía de la brigada político social, más bien bajito, con los ojos bastante enrojecidos, con muchas ojeras, tenía pinta de alcohólico, y era un hombre que disfrutaba pegando, era un sádico compulsivo. Esa es la descripción que Felisa Echegoyen hace de Juan Antonio González Pachecho, alias Billy El Niño, al que todavía hoy, después de 42 años, no puede olvidar. Felisa. de hecho, todavía se atraganta al hablar de su torturador.

Unas de las pocas imágenes que hay de Juan Antonio González Pacheco, alias Billy El Niño / Agencias

Felisa lleva años luchando para que este criminal pague por lo que le hizo, no solo a ella, sino a muchas víctimas más. La misma lucha, la misma justicia que Antonio Narváez lleva buscando desde hace más de 80 años, yo perdí a mis padres cuando tenía tres años, yo sé que los dos están en una fosa común, y lucho, porque quiero darles un entierro digno, estoy aquí para que se haga algo de justicia”.

Esas ganas de justicia es lo que les une a los dos. Pero, no solo eso, a Antonio y a Felisa no solo les une una lucha común, los dos han conseguido que Argentina investigue los crímenes del franquismo. Los dos forman parte de la ‘querella argentina’, que está en manos de una jueza argentina, María Servini, que abrió hace ya seis años una causa para sentar en el banquillo a los responsables de las torturas, las desapariciones, y las ejecuciones de miles de personas, víctimas de la represión franquista.

El muro de España contra la ‘querella argentina’

Esta semana os presentamos estas dos historias porque es de justicia recordar que España ha levantado un auténtico muro para evitar como sea que Argentina pueda juzgar a estos criminales. Amnistía Internacional, de hecho, ha puesto en marcha estos días la campaña #JusticiaPorNavidad donde denuncia todos los obstáculos que está poniendo España.

Trabas tanto del Gobierno, de la justicia, como de la propia Fiscalía General del Estado, que sin ir más lejos, hace muy poco, fijó una orden expresa que prohíbe a todos los fiscales que colaboren con la jueza argentina, María Servini, que no ha conseguido, por ejemplo, que la Interpol haya detenido a Juan Antonio Gonzalez Pacheco, alias Billy el niño, porque España se negó a extraditarle, tampoco ha conseguido interrogar los exministros Martín Villa y Utrera Molina por crímenes del franquismo, porque España se ha negado. Nuestro país, incluso ha ignorado el llamamiento de la ONU, que le ha pedido a España que reabra la investigación porque estos crímenes, no han prescrito, porque los crímenes de lesa humanidad no prescriben.

La infancia, también busca la paz en Colombia

Andra (18) y Alejo (12), en la Cadena SER

En el programa de hoy también escucharemos a los supervivientes más jóvenes que hemos encontrado del conflicto armado en Colombia. Alejo, tiene solo 12 años, y es el líder de la infancia de su barrio, en el distrito de buenaventura. Este pequeño, sueña con una Colombia donde “no hubiera grupos armados, donde la guerrilla no reclutara a niños, donde no hubiera niños vendiendo droga…” Con solo 12 años, Alejo, es un joven activista que, a través del proyecto ‘Entorno Protector’, lucha para que otros niños no pasen, por lo mismo, que vivió Andrea, tiene 18 años, y ya sabe lo que significa ser guerrillera, a ella la engañaron para reclutarla, y escapó, pero otras amigas, no tuvieron tanta suerte: “muchas intentaron escaparse, pero las alcanzaron, y las asesinaron, porque estaban volando de la organización. Ahí otro que siguen allí. Muchos chicos que estudiaron conmigo están hoy en la guerrilla porque no encontraron otra opción”.

Durante los peores años de máxima violencia en Buenaventura, muchos niños y niñas se salvaron gracias a la casa de Ilakir, un centro cultural, gestionado por Benposta Nación de Muchachos, que ofrece una alternativa de vida a los más jóvenes, a través del proyecto ‘Entorno Protector’.

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