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Lunes, 20 de Enero de 2020

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Cerezas, los caramelos de la huerta

Cuando están frescas tienen la carne tersa y la piel firme y brillante

El color granate intenso puede ser una pista de que están dulces y jugosas. /

Aunque la persona que inventó la expresión “ponerle la guinda al pastel” debía ser la única del mundo a la que le gustaba esta fruta en almíbar, la temporada de cerezas es una de las más felices para los fans de la fruta. Cuando están frescas tienen la carne tersa y la piel firme y brillante, y aunque en general el color granate intenso puede ser una pista de que están dulces y jugosas, hay variedades como la rainier o la blanca de Esgueva cuyo color natural es más pálido o directamente tiende hacia el amarillo. Que no tengan golpes ni manchas y que el tallo esté verde y bien pegado al fruto también nos da una buena pista, menos en el caso de las picotas que suelen comercializarse sin él.

Las cerezas no necesitan demasiado trabajo para disfrutarlas: solo con pasarlas por agua ya puedes comértelas a docenas como si fueran pipas. Si les añades algún albaricoque y un par de nísperos, tienes uno de los mejores desayunos o meriendas del mundo (esta combinación mágica solo es posible durante unas cuantas semanas al final de la primavera, así que aprovecha antes de que se termine).

Para cocinar con ellas tendrás que quitarles el hueso, un proceso algo laborioso que podrás hacer fácilmente poniéndolas sobre la boca de una botella: presiona el centro de la cereza con una pajita, atraviésala y lo habrás eliminado en cuestión de segundos. También hay herramientas especiales para este proceso en cualquier tienda de menaje: si te haces con una podrás usarla también para deshuesar aceitunas y rellenarlas con anchoa de verdad, lo que te asegura aperitivos atómicos sin demasiado esfuerzo.

Pon medio kilo en un cazo con una cucharada de azúcar, otra de zumo de limón y dos de agua, déjalas cocer 4 minutos, sácalas y enfría rápidamente en agua con hielo, dejando reducir el almíbar un par de minutos más. Cuando las dos cosas estén frías, mézclalas de nuevo: puedes ponérselas a un yogur, un bizcocho o usarlas para acompañar unas tortitas.

Las cerezas también pueden venirse arriba en platos salados. Con rúcula, burrata o mozzarella, unas anchoas -sí, anchoas- y un aliño de vinagre suave y aceite de oliva, tendrás una ensalada deliciosa. En una sopa fría con 1 kilo de tomate por 300 g de cerezas, una cebolleta, un puñado de almendras y un toque de albahaca también están buenísimas. Simplemente rellenándolas con un un poquito de gorgonzola pueden funcionar como picoteo o como postre ligero: si las bañas en un poco de chocolate fundido la combinación no dejará indiferente a nadie.

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