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Domingo, 16 de Febrero de 2020

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¿Puede la ficción levantar y afianzar la paz?

La escritora Espido Freire analiza con Macarena Berlín las obras clave sobre el conflicto vasco, ETA e incluso la revolución rusa

Han pasado cuatro meses desde que ETA diera a conocer su desarme definitivo, más de un lustro desde que anunció el final de la violencia, y casi ocho años desde que el grupo mató por última vez. Un camino sobre el que mucha gente aún le cuesta hablar pero que la literatura y el cine describen, cada vez, con más valentía... ¿Puede la ficción levantar y afianzar la paz? La escritora bilbaína y gran librepensadora, Espido Freire, aportará su reflexión y su madurez intelectual a lo largo del verano con Macarena Berlín en Hoy por hoy.

Si el año pasado se habló de uno de los libros del año, Manual para mujeres de la limpieza, de Lucía Berlin, en este 2017 hay que abordar una de las obras literarias clave: Patria, de Fernando Aramburu. "Un libro que demuestra cómo la ficción cumple con una función sanadora, con una predicción de miedos y fantasías". Si Lucía Berlin dirigía su mirada "a realidades cotidianas y detalles desgarradores que componen una vida", Aramburu ha hecho lo mismo pero con una realidad distinta con Patria. De hecho, es posible que vaya a rodarse una película o serie sobre el libro de Aramburu.

Todavía, en 2017, hay un miedo importante a hablar de asuntos relacionados con el grupo terrorista ETA, cosa que requiere de un acto de valentía importante. "Lo que ocurre es que la diferencia entre esos cantares que se repetían una y otra vez hasta que esa historia contada mil veces dejaba de doler y se convertía en un patrimonio nacional, ahora lleva nombres y apellidos". Puede ser un grupo que ha cantado una canción, un autor que ha escrito una novela o un cineasta que firma una obra determinada, por ejemplo. "En eso sí que hace falta, para ser el primero sobre todo, un valor determinado", detallaba Espido Freire.

“Lo que me preocupa de la relectura de la violencia -ha dicho- es el relativismo moral. El hecho de que coloquemos a todos en el mismo plano", señala para referirse a la víctima y al verdugo, a personas que toleraron la violencia y a personas que la sufrieron. "Eso es moralmente intolerable y no puede llevarse a cabo. Ni siquiera con la intención de conseguir un perdón o de conseguir una especie de tabla rasa sobre la que empezar a construir. Moralmente, desde un punto de vista ético como nación, tenemos unas obligaciones para con quienes han sufrido, y eso es incuestionable. Me da igual que sea en la ficción, en la realidad, en el análisis histórico o en la novela”, sentenciaba la escritora, ganadora del Premio Azorín de Novela con su libro Llamadme Alejandra.

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