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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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Bob Dylan y la España de 2003

Contra la guerra de Irak, miles de españoles salieron a la calle para expresar su rechazo. La música de Bob Dylan siempre estuvo ahí, de fondo

¿A qué sonaba España en 2003? Se podía oír a Fernando Fernán Gómez leyendo el manifiesto contra la guerra en Irak en febrero de 2003 en la Puerta del Sol de Madrid. También a José María Aznar (Presidente del Gobierno) y a Ángel Acebes (ministro de Interior) defendiendo el conflicto en terreno iraquí. El 16 de marzo, los líderes de Estados Unidos, Reino Unido, España y Portugal se reunieron en la llamada Cumbre de Las Azores para darle a Saddam Husein un ultimátum de veinticuatro horas. Cuatro días después, se lanzó el primer ataque contra Irak. Mientras tanto, muchos españoles se despedían poco a poco de la peseta para abrazar el euro y ahogarse en el ladrillo. Los tiempos estaban cambiando...

Bob Dylan siempre estuvo ahí, en todas las épocas. De algún modo, canciones como The times they are A-changin' siempre fueron la banda sonora de una situación de cambio, poníendole, en este caso, banda sonora a la postal común de hoy, más actual que las de Urtain, Camarón, El Jaro o Nat King Cole, pero no por ello la mejor. Aunque parece que la música de Bob Dylan es la que viene por defecto en el mundo, aunque luego cada país elija su propio "run-run".

Las calles de esta España del 2003 estarían copadas de grúas, coches de gama alta... e inmobiliarias donde luego abrieron casas de apuestas. Por otra parte, Operación Triunfo iba todavía por su tercera edición y Fernando Fernán Gómez seguía entre los mortales.

Las manifestaciones que se hacían en contra de la guerra de Irak estaban formadas, en su mayoría, por estudiantes y gente con nuevas ideas que rechazaba las teorías de José María Aznar sobre las armas de destrucción masiva de Sadam Hussein. De hecho, los manifestantes sufrieron cargas policiales desmedidas, aunque Ángel Acebes, ministro de Interior, declarara que fueron "los grupos violentos" los que comenzaron con la provocación a las fuerzas y cuerpos de seguridad. La edad no es un grado, pero a veces sirve para caldear la sangre de la juventud. Era un momento importante. Sobre todo para aquella gente que iba a cumplir los 18 años (la mayoría de edad) e iba a votar por primera vez en las elecciones generales del año siguiente, las del 2004, coincidiendo con los atentados de Atocha del 11 de marzo.


 

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