Martes, 28 de Septiembre de 2021

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La llamada de la Historia

La reina Hatshepsut

Una de las reinas más famosas del Egipto faraónico

Nací siendo hija de, lo que me garantizó una infancia estable y también establecida, en la corte del faraón, para ser exactos, que además era mi padre. Todo esto para contarles quién era, pero también quién quise ser. Y quién soy, ahora que me he convertido en un nombre que suena y resuena, que se lee y se relee y sobre el que se tienen tan distintas opiniones.

Así, como inicio de mi propia historia contaré que me casaron con mi hermanastro. Les parecerá una aberración, pero en la época y en nuestra cultura, no era tan rara la idea. Mi padre me había nombrado heredera, sabiendo de lo difícil de mi ascenso a un trono que en aquel momento de la historia estaba destinado tan solo a hombres. De hecho, que yo fuese hija legítima y mi hermano no, poco importó a la muerte de mi padre. Fue mi hermanastro el que ascendió y yo la que me convertí en Gran Esposa Real. Un golpe a mi orgullo.

Fueron pocos los años que reinó mi hermanastro y marido: tuvo dos hijos, una conmigo. Fui haciendo mi propio círculo durante su reinado, y fui dejando claro que yo sí era descendiente directa de los faraones. A pesar de ello, también mi marido nombró heredero a un hijo que tuvo con otra esposa. Me negué entonces a que la historia se repitiera: este hijo era menor así que asumí la regencia con la clara intención de no soltarla.

Como había hecho mi propia corte, entre los que se encontraba por ejemplo Senenmut, un plebeyo soltero que ha dado mucho que hablar posteriormente…que si éramos amantes o no, que si fue tutor de mi hija, que si fue el que supervisó la construcción de mi templo funerario…Como dicen ahora, no voy a desmentir ni confirmar nada, además, el nombre de Senenmut desaparece un momento dado de todas las escrituras…

El caso es que fui feliz un tiempo, mientras trataba de ser un faraón, y digo bien, faraón, porque asumí todos los atributos masculinos de mi cargo, me hice representar como hombre y usé barba postiza.

Su templo es una de las joyas del Antiguo Egipto y uno de los destinos más visitados por turistas en la actualidad: el famoso templo de Deir al Bahri, en la ciudad de Luxor.

Me gusta ser recordada como una gobernante pacífica, que prefirió gastar su tesoro en construir templos en lugar de conquistar territorios. También hice grandes campañas en forma de viaje. El final, sin embargo, fue más duro…mis principales apoyos murieron en poco tiempo, sospechosamente. Y lo peor, un tiempo después falleció también mi hija, la princesa Neferura. Convenía y necesitaba entonces retirarme, mientras Tutmosis III, con quien compartía supuestamente el cargo, tomaba las riendas como faraón.

Veintidós años duró mi reinado. Fui una mujer que se proclamó faraón, y fui también castigada con silencio: se eliminaron todas las referencias a mi reinado, incluso mi nombre se borró de la Lista de los Reyes. No fue hasta los siglos XIX y XX cuando egiptólogos descubrieron mi juego entre los nombres y las representaciones masculinas y femeninas, cuando mi nombre tuvo, de alguna manera, su lugar en la historia.

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