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Sábado, 21 de Septiembre de 2019

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Desenterramos la afición de Franco por el cine

Desmigamos con Magí Crusells, coautor junto a José María Caparrós, de 'Las películas que vio Franco (y que no todos pudieron disfrutar). Cine en El Pardo 1946-1975'; la oculta vida cinéfila del dictador

El Gobierno acaba de aprobar la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos. El Ejecutivo de Sánchez esperará a que sea convalidado por el procedimiento de ley para realizar la exhumación y da 15 días a la familia para que se pronuncie sobre el lugar al que quiere trasladar los restos. En La Script, puestos a desenterrar, hemos decidido recordar algo que quizás muchos no sepan: la afición de Franco por el cine

Lo hacemos a través del libro Las películas que vio Franco (y que no todos pudieron disfrutar), de José María Caparrós y Magí Crusells. En la publicación se destacan las películas más significativas de las 2.000 que vio Franco el su propia sala de proyecciones en El Pardo. Respecto a sus preferencias, Magí Crusells explica que "era más de dramas y comedias e indudablemente le gustaba más el cine americano que el español. Aunque, eso sí, las veía siempre dobladas". 

Especialmente curioso resulta que en su intimidad pudo disfrutar de películas que después su propio régimen censuró. En este sentido encontramos Viridiana, la película con la que Buñuel ganó la Palma de Oro en Cannes, el único director español que lo ha conseguido. La proyección fue después de que el periódico de El Vaticano, L'Osservatore Romano publicase una reseña de la película tachándola de anticristiana. 

"Mientras que el resto de españoles tuvimos que esperar a 1977, cuando ya había desaparecido la dictadura. Llama la atención el escándalo que provocó", comenta el autor, "Franco mandó quemar todas las copias de la película y se anuló su españolidad, quedó apátrida y a nivel documental no existía el filme. Las copias en el extranjero sí se conservaron y se pudieron exhibir". Es por esto precisamente, por las copias que quedaron intactas en países democráticos, por lo que hoy en día podemos disfrutar de esta cinta de Buñuel. 

Este libro nace de una curiosidad de los autores: "sabíamos de la afición cinéfila del dictador y queríamos tener la máxima información y en una visita a Madrid aproveché para ir al archivo de Patrimonio Nacional a ver si me podían proporcionar información. Me encontré con Juan José Alonso Martín, el director, una persona muy abierta y dispuesta a colaborar". 

A raíz de esta conversación, fueron descubriendo más cosas, como que la sala donde se veían las películas fue en su origen una antigua sala de teatro que fue reformada para que pudieran exhibirse las cintas. En esta sala vio películas como El manantial de la Doncella de Ingmar Bergman, Las noches de Cabiria de Fellini, El mensajero de Joseph Losey, El gatopardo de Luchino Visconti, Rashomon de Akira Kurosawa. 

Unas proyecciones que "comenzaban a primera hora de la tarde, con el visionado de un documental, en muchas ocasiones el NO-DO (Noticiarios y Documentales del régimen), se enlazaban con una merienda en la que se servía un refrigerio y, poco después, comenzaba la película", explica Crusells a La Script

Franco se llevó su afición por el cine casi hasta la tumba, ya que la última proyección a la que asistió en El Pardo fue en octubre de 1975, un mes antes de morir. 

De cinéfilo a cineasta 

El gusto de Franco por el cine fue más allá. Tanto es así, que se ha sabido que "llego a escribir el argumento de Raza, bajo el seudónimo de Jaime de Andrade. Una película que posteriormente fue la base de la película que dirigió José Luis Saínz de Heredia. Franco trataba de ensalzar su régimen y quería estar al lado de los vencedores, de lo que pensó que sería Hitler, y dijo: ‘vamos a hacer una película con las características propias de lo que es el nacional catolicismo de la España de aquel momento'". 

En este sentido, la idea de hacer una segunda parte de Raza estuvo sobre la mesa, "pero el cambio de la Segunda Guerra Mundial con la derrota de las potencias antifascistas hizo que se abandonase el proyecto y no pasó de esbozar un argumento", cuenta Magí Crusells. 

Le vimos muchas veces delante de las cámaras en el NO-DO, pero también estuvo a veces detrás de las cámaras, "con unas filmaciones amateur que hacía, y que luego llegó a montar y sonorizar". Estas grabaciones pudieron verse una vez en un programa del corazón en televisión pero después desaparecieron. 

Magí Crusells y José María Caparrós quisieron ir más allá en su investigación para documentar el libro y se pusieron contacto con Carmen Franco, su hija, para que nos informara de estas sesiones cinematográficas, de lo que recordaba, pero sus respuestas fueron vagas: "Cuando preguntamos por las cintas rodadas por Franco, ella nos dijo que no las tenía, que en tal caso las tendrían los nietos. Nos pusimos en contacto con ellos, pero por desgracia no respondieron", explica Crusells. 

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