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Jueves, 22 de Agosto de 2019

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Se retoma el juicio a Ibar

El detective del caso, Paul Manzela, reconoce 24 años después que amañó pruebas contra este español y un testigo le acusa de sobornarle para dar falso testimonio

Pablo Ibar lleva 24 años en prisión /

Este lunes se reanuda en Florida el juicio a Pablo Ibar, que lleva 24 años en prisión, 16 de ellos en el corredor de la muerte, por un triple crimen que asegura que no cometió y por el que fue condenado sin pruebas sólidas, tal y como admitió el Tribunal Supremo de Florida en 2016. Un proceso plagado de irregularidades que, más de dos décadas después, comienzan a salir a la luz.

El infierno de Ibar empezó la noche del 26 de junio de 1994, cuando tenía 22 años. Esa noche, fue a una fiesta en casa de la que entonces era su novia, Tanya Quinones, hoy su mujer, y se quedó dormido en su casa. A algunos kilómetros, se producía un triple asesinato que conmociona a la prensa. Casimir Sucharsky, dueño de un local nocturno, y dos bailarinas son asesinados brutalmente por dos hombres. Tras matarles, uno de ellos se quita la camiseta que le cubre la cara y pasa delante de una cámara de seguridad. Todo queda registrado en blanco y negro, sin sonido, y en muy mala calidad.

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A las tres semanas la policía detiene a Ibar por una trifulca por drogas. Al llegar a comisaría los detectives Paul Manzella y Craig Scarlett consideran que el asesino que captaron las cámaras, se parecía a Ibar. Le acusan del asesinato y la Fiscalía pide para él la pena de muerteEn el juicio, desfilan manipulaciones en los testimonios e irregularidades durante las identificaciones. pero su abogado, Kayo Morgan, no es capaz de defenderle. Morgan cae enfermo, adicto a varios medicamentos y finalmente es detenido por agredir a su mujer, por lo que Ibar pide el cambio de letrado. El juez se lo niega y tras seis años en prisión preventiva llega la condena: pena de muerte sin una sola prueba concluyente. Ninguna de las 100 huellas, rastros de sangre o marcas de botas del escenario del crimen coinciden con las suyas.

La carrera para repetir el juicio empieza desde el segundo posterior a la condena. Tras 16 años en el corredor de la muerte y dos recursos rechazados, el Tribunal Supremo de Florida admite que Pablo Ibar fue condenado con “pruebas escasas y débiles”, y accede a repetir el juicio. Una última vista que ha empezado este noviembre y en el que las irregularidades no han tardado en aparecer.

El juez, que se presentó voluntario para instruir el caso, es totalmente contrario a la excarcelación de Ibar. Es el marido de la que fue fiscal de una apelación anterior e íntimo amigo del actual fiscal, Chuck Morton. Este último, es el fiscal que consiguió la pena de muerte en el 2000, estaba jubilado y pidió volver solo para este caso. En la defensa, en cambio, esta vez sí cuentan con una defensa solvente. Desde que Pablo fue condenado a muerte, su padre Cándido Ibar, buscó ayuda España, donde la fundación contra la pena de muerte Pablo Ibar ha reunido casi un millón de dólares para financiar los abogados. Entre el público, estas semanas, había incluso una delegación de senadores y diputados españoles. 

La defensa destapa las irregularidades

El discurso de la Fiscalía no ha cambiado en 24 años. Sustenta la culpabilidad de Ibar en su parecido con el hombre del vídeo y en un testigo visual, Gary Foy que dijo ver desde su retrovisor cómo Pablo salía de la casa y subirse a un coche. Sin embargo, en este nuevo juicio, reconocío que "el hombre del vídeo podía ser Pablo Ibar o un amigo de la bolera". Desde la Fundación contra la pena de muerte Pablo Ibar recuerdan que Foy no es un testigo espontáneo, sino que testificó a raíz de un anuncio en el que la policía ofrecía una recompensa económica por pruebas inculpatorias. 

Durante los contra-interrogatorios de la defensa a los agentes del caso, la defensa demostró que la rueda de reconocimiento fue amañada. Convocaron a Foy y le mostraron varias fotos de posibles culpables. Éste eligió una quincena, entre ellas la de Pablo Ibar.  Al día siguiente le dieron a escoger entre dos fotos: la de Pablo Ibar y la de un joven que no se parecía a ninguna de las anteriores. Un procedimiento que repitieron de forma idéntica en la rueda de reconocimiento física. 

Hace solo unos días, antes de aplazar el juicio hasta este lunes, el detective al mando de la investigación Paul Manzella, reconoció que no siguió el resto de pistas del caso. Todos los policías señalaban en una dirección: el coche de una de las víctimas apareció quemado tras el crimen. A los pocos días, un hombre, se presentó en comisaría y aseguró que él había quemado ese coche por orden de su jefe. Al día siguiente fue asesinado. Nadie siguió esa línea de investigación.

La manipulación de la policía quedó de manifiesto definitivamente cuando Klemetzko, un compañero de piso de Ibar que en juicios anteriores había dicho que le vio salir de casa con una pistola y volver con un coche negro, admitió que se trataba de falso testimonio. Dijo que le habían pagado 1.000 dólares y quien había aprobado el pago era, precisamente, el detective Manzella.

Con todo, la familia de Ibar es prudente hasta el extremo. 24 años de pesadilla les han llevado a renunciar a cualquier atisbo de optimismo. El visto para sentencia se espera para finales de enero aunque podría alargarse hasta marzo. Es la última oportunidad para este español que ya ha vivido más tiempo aislado entre rejas que junto a su familia. 24 años en los que su único contacto con el exterior han sido las visitas de su mujer Tanya, cada sábado durante 16 años incansablemente. 

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