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Abrupto final

El fracaso de los presupuestos es un fracaso del Gobierno, que es quien más responsabilidad tenía en su contenido y en la gestión de los apoyos. Pero dicho eso, la autoría de este abrupto final hay que imputársela a los partidos independentistas

Con el Presupuesto devuelto al Gobierno, la legislatura toca a su fin. La fecha de las elecciones solo la sabe el presidente del Gobierno y la comunicará mañana al Consejo de Ministros, con el Jefe del Estado, el rey, ya de vuelta del viaje a Marruecos.

Paréntesis aparte merece el hecho de que el presidente no se haya sometido a preguntas de la prensa en esta semana crucial para su gobierno y para España. Al margen de que la fecha la comunique cuando corresponda institucionalmente, no tiene un pase esa ausencia.

El fracaso de los presupuestos es un fracaso del Gobierno, en primer lugar, que es quien más responsabilidad tenía en su contenido y en la gestión de los apoyos. Pero dicho eso, la autoría de este abrupto final hay que imputársela a los partidos independentistas, incapaces de aterrizar en la realidad después del estropicio de hace un año y dispuestos a sacrificar el bienestar de los catalanes en el altar de su relato. Hablan continuamente de diálogo y exigen flexibilidad al Gobierno central, pero ellos no se mueven de la más estricta inflexibilidad. Y en representación de solo la mitad de los catalanes.

Rajoy dialogó poco y le fue mal con los independentistas catalanes. Sánchez ha dialogado mucho -en ocho meses ha desbloqueado las relaciones institucionales, avanzado en el cumplimiento del Estatut y asumido el desgaste y las críticas con tal de intentar buscar una salida- y le ha ido mal.

En el conjunto de España, la consecuencia son unas elecciones generales. Pero, ¿y en Cataluña? Pregunta para sus dirigentes: Si con un gobierno que no dialoga, mal, y con un gobierno que sí diálogo, mal también, ¿entonces qué?

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