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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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La reina de Saba

La fama de la sabiduría y riqueza de Salomón superó los confines de sus dominios y atrajo a su corte a la reina de Saba (llamada Makeda en la tradición etíope), procedente de un territorio que comprendería Etiopía y la Arabia Feliz, Yemen

El hecho es que, a pesar de las 700 mujeres "legales" y las 300 concubinas que tenía Salomón, Makeda se enamoró de él y él de ella. Juntos vivieron un apasionado idilio que dio su fruto: un niño llamado Menelik (que con el tiempo se convierte en el rey David II). Aquí es cuando tenemos que acudir a un antiguo texto etíope llamado Kebra Nagast ("La gloria de los Reyes"), cuyo origen es del siglo IV d.C. pero puesto por escrito en el siglo XIII, originalmente en la lengua primitiva ge'ez. Este libro contiene la más antigua versión conservada de la leyenda sobre la reina de Saba y el rey Salomón, el nacimiento de su hijo Menelik en Etiopía y el robo del Arca de la Alianza del primer Templo de Jerusalén.

El Libro I de los Reyes, capítulo 10, dice: "El rey Salomón dio a la reina de Saba todo cuanto ella deseó... Después se volvió ella a su tierra con sus servidores". Pero el Kebra Nagast no se anda con rodeos y detalla cada una de estas ofrendas: "Él le dio las exquisiteces y riquezas más codiciables, cautivadores trajes y todas las magnificencias deseables en el país de Etiopía, camellos y carros en número de seis mil, cargados con costosos y apetecibles utensilios".

Veintidós años después, su hijo Menelik regresó a Jerusalén para ver a su padre. Inmediatamente le reconoció al ver el anillo de oro que llevaba en la mano y le ofreció toda clase de honores. Al cabo de un año de estancia, los ancianos de Israel se quejaron de que Salomón tenía excesiva preferencia por él e insistieron que debía regresar a Etiopía. El Kebra Nagast afirma que fue Menelik quien, en venganza, robó el Arca (que llama Zyon) y alguno de sus "carros volantes". Eso sí, antes sustituyó el Arca auténtica por una copia y luego se la llevó por "los aires" hasta ocultarla en Axum (Etiopía).

El investigador británico Graham Hancock propuso en su libro Símbolo y Señal una teoría que cobra cuerpo con la noticia de los descubrimientos arqueológicos del equipo de la Universidad de Hamburgo en Axum. Cuando él estuvo de corresponsal en Etiopía y visitó al Templo de Santa Maria de Sion, en la ciudad de Axum, conoció a quien afirmaba ser el Tabot o Guardián del Arca, quien le relató la leyenda del hijo de Salomón y de Bilkis, la mítica reina de Saba. La hipótesis de Hancock proponía que el Arca salió del Reino de Judá, en Israel, estuvo depositada en el templo judío de Elefantina (Egipto), y después llegó hasta el norte de Etiopía, donde se dice que permanece actualmente.

La reina de Saba ha generado inspiración en el cine y en el arte donde ha tenido una presencia en incontables ocasiones en forma de estatua en las catedrales góticas de Chartres y Amiens, en los vitrales de la catedral de Canterbury y en frescos del Renacimiento europeo, de los cuales los más famosos son los frescos del coro de Arezzo, de Piero della Francesca. Rafael, Veronese, Tintoretto y Rubens, por nombrar sólo a unos pocos, la han retratado y casi siempre con la piel blanca.

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