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Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

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Antonio de la Torre: "El odio es la puta trinchera"

El actor malagueño protagoniza junto a Belén Cuesta 'La trinchera infinita' la historia de un matrimonio que vive entre el miedo y la clandestinidad durante el franquismo

José Mari Goenaga, Jon Arregi y Jon Garaño, los autores de 'Handia', dirigen este retrato de la España dictatorial a través de la figura de los 'topos', aquellos comunistas que permanecieron treinta años escondidos

Jose Maria Goenaga, Belen Cuesta, Aitor Arregi, Antonio de la Torre, Vicente Vergara y Jon Garaño, el equipo de 'La Trinchera infinita' / ()

Es un proyecto que se ha intentado hacer por varias vías pero ha sido el trío vasco formado por Jose Mari Goenaga, Aitor Arregi y Jon Garaño quien lo han logrado levantar. Tras Loreak y Handia, los directores cambian de registro con su apuesta más valiente y ambiciosa. La historia de un topo -aquellos comunistas perseguidos en la Guerra Civil- que permaneció más de 30 años escondido, sin ver la luz, hasta la ley de amnistía del franquismo. El relato lo estructuran a través de la historia de amor de un matrimonio condenado a vivir en el miedo y la clandestinidad.

"Todo surgió al ver el documental de ’30 años de oscuridad’. Yo desconocía la figura de los topos, pero nos interesaba abordar ese encierro sin perder el punto de vista del encerrado y ver la evolución de un país a través de esa casa. Nos permitía construir una alegoría interesante sobre el miedo y cómo te puede condicionar a lo largo de tu vida. Además, nos apetecía ahondar en una pareja donde cada uno está en su propio zulo", explican Goenaga y Arregi. La trinchera infinita camina del thriller al drama con una primera hora frenética, llena de ideas visuales, el uso del fuera de campo, el juego inmersivo de sonido e iluminación, para ir componiendo a dos personajes que habitan el mismo espacio, la casa y el zulo, pero se van separando conforme pasan los años.

Antonio de la Torre y Belén Cuesta son ese matrimonio por cuyos ojos pasa la guerra y la posguerra. Dos personas que acaban simbolizando a los dos Españas, la que pide pasar página y la que no puede cerrar las heridas porque no le han dejado. "No me lo había planteado, llego a determinadas conclusiones de las películas en la promoción. Las películas hay que hacerlas desde las tripas, luego se pueden ver o entender desde otro lugar. Obviamente tienes que saber el contexto, la información, qué le pasa al personaje, cómo se habla en un pueblo perdido de Andalucía, analizar el miedo y si eso es posible. Pero te tienes que meter en un lugar de tripas y luego llegar a ese reflexión", dice el actor malagueño.

"Es más el retrato, no creo que sea una película sobre la guerra civil, sino sobre una familia que este miedo y esta guerra les deja una huella de por vida. Para ella, la vida cambia y evoluciona, pero el pasado está en su casa. Para él, no ha cambiado nada, no ha pasado el tiempo. Quieren seguir adelante pero no pueden seguir adelante", continúa Belén Cuesta, quien en un nuevo registro dramático completa una actuación portentosa que la coloca en buena posición para la carrera de los Goya.

Ambientada en un pueblo perdido de Andalucía, la cinta ha sido rodada entre el sur y el norte. Construyeron un zulo real, trabajaron los acentos y diseñaron un relato capaz de pasar de una fuerza fílmica apabullante -cámara en mano, espacios opresivos- a una serenidad detallista y más luminosa que condensa el paso del tiempo. Para Antonio de la Torre, el amor es la única luz, la única salvación, para esa pareja condenada por el miedo. “La trinchera es el odio, el odio es la puta trinchera”, añade.

“En algún momento alguien tiene que renunciar a la venganza, en algún momento se tiene que aceptar la incertidumbre de que te pueda pasar algo pero ganar a cambio la gran ventaja de la paz. Me arriesgo a confiar aunque el otro pueda robarme o herirme. Detesto el refrán ‘piensa mal y acertarás’, me parece que siempre es una excusa para la inacción y perpetúa esto. Lo decía mucho Mújica, si tú logras convencer a la gente de que la única opción es esa, llegará la revolución. El odio, el mal, es el gran tema”, ahonda sobre los ecos del conflictos en nuestros días y la incapacidad de abordar los conflictos desde ese punto.

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