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Viernes, 21 de Febrero de 2020

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Antonio Ribera

Un 15 de enero de 1920 nació Antonio Ribera i Jordá, una persona inquieta culturalmente que le interesó todo lo que estaba relacionado con las aguas, con la tierra y con el cielo. Considerado un pionero en el mundo del buceo y el submarinismo. No en vano, en 1953 cofundó el CRIS (Centro de Recuperación e Investigaciones Submarinas) publicando numerosos libros sobre esta temática y traduciendo las obras del comandante Cousteau

También se le considera el «padre» de la ufología en España, publicando numerosos libros sobre el tema, siendo el cofundador del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) en el año 1958, en Barcelona. Aquélla fue la primera asociación española creada para investigar el enigma de los platillos volantes. El ser políglota, hablaba seis idiomas, le permitió dedicarse profesionalmente a la traducción de libros en inglés, francés e italiano (más de trescientos). En su extensa bibliografía -llegó a escribir cerca de 70 libros- hay temas tan variados como la ciencia-ficción, el teatro, la poesía, el submarinismo, la arqueología y, por supuesto, la ufología, siendo el primer español en dar una conferencia sobre este tema en la Cámara de los Lores, en Londres, en diciembre de 1979.

Una de sus grandes investigaciones la llevó a cabo en 1974 cuando Antonio Ribera organiza la Operación Rapa—Nui. La primera misión científica española en Pascua en la cual se identificó un moai que, en opinión de Ribera, presentaba la típica barbilla faraónica en su búsqueda de pruebas de una más que probable llegada de barcos egipcios de la época tolemaica (siglo III a.C.) y fue más allá en su búsqueda de conexiones transoceánicas al proponer, siguiendo la estela difusionista de Thor Heyerdahl, que los primeros pobladores de Rapa Nui habían llegado en embarcaciones de totora (de las que dijo haber encontrado representaciones en petroglifos), portando una cultura y una técnica muy semejante a la andina. Ribera se adelantó a Jacques Cousteau localizando los restos de varios moais sumergidos a pocos metros de la costa.

Antonio Ribera subraya algo que considera de suma importancia y es que la isla estuvo en el pasado habitada por dos razas: los Hanau eepe y los Hanau momoko, cuyos nombres se traducen equivocadamente por “orejas largas” y “orejas cortas”, respectivamente. El primer pueblo que colonizó la isla, los Hanau eepe, no era polinésico, sino que procedían de Sudamérica y estaban en contacto con la cultura que levantó Tiahuanaco. Dice que estaban relacionados con el Egipto del faraón Tolomeo III y lo intenta demostrar con la filología, desde el nombre del Sol, Raa, hasta algunas palabras griegas como koro o himene. En una de sus conclusiones, Ribera cree que ha resuelto definitivamente el enigma del transporte de los moais desde la cantera de Ranu Raraku a los ahus de la costa. Nada de mana (poder sobrenatural y mágico que los hacía levitar) ni de moais que caminan solos, teorías muy en boga en los años setenta. En fin, todo un “homo universalis” que en este año se cumplen cien años de su nacimiento y cuyo legado permanece aún muy vivo.

 

 

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