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El Conde-Duque de Olivares

Velázquez lo retrató varias veces, una de ellas montado a caballo. Se trata de un retrato ecuestre que se conserva y se muestra en el Museo del Prado. Diego Velázquez fue uno de los protegidos del conde-duque, al igual que otros artistas de ese Siglo de Oro

Pintó este óleo en 1638, año en el que Don Gaspar de Guzmán y Pimentel pagó a dos compañías de soldados de su propio bolsillo para que evitaran la invasión, por parte de los franceses, de Fuenterrabía, episodio que se sugiere al fondo de la escena donde aparece un efecto de batalla con humo y fuego. Además, el Conde-Duque viste armadura, bengala y banda carmesí de general. La enorme figura de Olivares presenta y simboliza la gran importancia que tuvo en su momento como valido del rey Felipe IV durante 22 años. Está montado sobre un precioso caballo bayo, en una postura totalmente escorzada y va tocado con un sombrero de picos que refuerza su carácter de hombre de mando, frío y decidido.

Como uno de los mejores retratistas de la historia que es, Velázquez se preocupó por mostrar al espectador la personalidad de su modelo, su alma, su poder. Porque el conde-duque lo fue todo, el más amado y más odiado, fue tal vez el hombre más importante de Europa y el que ostentó más poder (junto con Richelieu en Francia) en medio mundo, lo que le granjeó enemistades en el otro medio mundo con multitud de enfrentamientos, tanto dentro como fuera de las fronteras de la monarquía hispánica.

Tanto poder y tanta soberbia generó envidias y conspiraciones que a la postre hizo que perdiera el favor del rey y fuera destituido y desterrado un 23 de enero de 1643 a la villa madrileña de Loeches donde permaneció poco tiempo para luego ir a Toro, localidad donde murió en 1645, el mismo año que Francisco de Quevedo, uno de sus enemigos más feroces.

Fue mecenas de muchos grandes artistas y escritores del Siglo de Oro, pero también sufrió las críticas de otros que no vieron con buenos ojos su excesiva influencia sobre el monarca, sus programas de reformas internas y los conflictos que tuvimos con Flandes, Francia o las distintas sublevaciones que se produjeron en Andalucía, Vizcaya, Cataluña o Portugal que originó su independencia en 1640.

Por todo ello, la figura del conde-duque de Olivares ha servido para multitud de biografías y estudios sociológicos, incluyendo su investigación por parte de la Inquisición a raíz de una serie de rumores sobre ciertos poderes mágicos, el que tuviera un diablillo familiar en su muleta o el que visitara a hechiceras, nigromantes y videntes no solo para conocer el futuro sino para afianzarse su omnímodo poder, que, como todo en la vida, acabó siendo efímero.

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