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Internacional
Ablación clítoris

Fátima Djarra Sani y la tragedia de la ablación

Charlamos con la activista y mediadora de Médicos del Mundo en Navarra sobre una práctica que afecta a unos 200 millones de mujeres en el mundo

La Organización Mundial de la Salud estima que más de 200 millones de mujeres y niñas han sufirdo mutilación genital, la mayoría en países de África, Oriente Medio y Asia / Xandra Requiz

Madrid

Tenía cuatro años. Le anunciaron que sería un “día grande”. Una comitiva de mujeres de la etnia mandinga, a la que pertenece, se atavió con sus mejores galas para la “celebración”. La lavaron y, tras un pequeño ritual, su abuela le practicó la ablación del clítoris. “No llores bajo ningún concepto”, le dijo. De fondo, las mujeres cantaban y bailaban.

Aquel capítulo ha sido el motor de su lucha. Fátima Djarra Sani (Guinea Bissau, 1968) abandonó su país en 2004, tras la muerte de su marido. Después se trasladó a Bélgica y, un año después, llegó a Bilbao donde residía su hermana. Allí empezó a organizar talleres y charlas para visibilizar a la mujer africana. No quería que su historia, que es también la historia de miles de mujeres, quedara oculta. En 2008 se incorporó a Médicos del Mundo y, desde entonces, trabaja en proyectos de salud sexual y de prevención de la mutilación genital femenina. La ablación no la doblegó, al contrario, la convirtió en una luchadora incansable: “No podemos permitir esta barbaridad en nombre de la religión o la cultura”, afirma.

Atentados en Afganistán y la prohibición de la ablación en Sudán

20:27

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La mutilación genital femenina se practica en la mayoría de los casos durante la infancia o la adolescencia y, ocasionalmente, en la edad adulta. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 200 millones de mujeres y niñas han sido objeto de esta práctica, la mayoría en los 30 países de África, Oriente Medio y Asia donde aún se realiza. En España también es una realidad: “Aunque no hay datos reales de las menores afectadas se calcula que 17.000 niñas están en situación de riesgo”, explica Fátima.

Mientras miles de mujeres callan y se sumen en la postración, Fátima ha hecho de su experiencia su bandera. En esta lucha las leyes son importantes, como la que prohibió la ablación en su país en 2011, pero la sensibilización es aún más necesaria. En Guinea Bissau, por ejemplo, se sigue practicando en muchas zonas rurales, allí donde es difícil que se haga cumplir la ley, de ahí la importancia de la información y la concienciación: “Hay que hablar con los líderes religiosos y con las propias mujeres, explicarles que es importante conservar nuestra cultura pero no una cultura tan dañina.” En España existen algunos protocolos para evitar que las niñas sean mutiladas cuando se marchan de vacaciones a sus países de origen. En Navarra y en Cataluña, por ejemplo, las menores deben ser revisadas por un médico antes y después del viaje. En caso de que los padres se nieguen, el médico informará al departamento autonómico de protección de menores y este último trasladará la información a la Fiscalía que, entre otras medidas, podría retirarles el pasaporte para que no viajen. Además llevarán un documento en el que se informe a la familia de que si la menor regresa a España mutilada se castigará a los progenitores con penas de cárcel.

Aisse Dansoko / Cadena SER

En 2015 Fátima publicó su historia: “Indomable, de la mutilación a la vida” (editorial Península). Escribirlo no fue fácil aunque sentía la necesidad de dar a conocer su experiencia, denunciar una práctica todavía silenciada y dar voz a miles de mujeres que habían pasado por lo mismo. “Cuando me lo propusieron me costó mucho decidirme, para una mujer africana sacar a la luz su vida es difícil. Viajé a mi aldea para consultárselo a mi familia, lo hablé con ellos. Hubo que poner muchas cosas sobre la mesa pero al final lo entendieron”. Y no se arrepiente. Después de 'Indomable' probablemente algo se ha vislumbrado para miles de mujeres. En esas páginas se hallan algunas claves para abrir puertas y acabar con la mutilación genital femenina.

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