Viernes, 03 de Julio de 2020

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El hambre que no se ve en las colas: "Hay muchas veces que no he podido ni ir a comprar"

Inés tiene que mantener a 16 personas con un ingreso de 600 euros al mes. Remedios, da de comer a más de una quincena de familiares con 390. Una joven solicitante de asilo, que sufrió un ERTE en su empresa, nunca nunca se imaginó ponerse en una cola por alimentos en Europa

Roberto Boda, de la 'Asociación Apoyo', denuncia las condiciones de trabajos basura, que con la precariedad, al mínimo problema, se queda sin protección

'Hoy por Hoy' realizará parte de su programa este jueves desde el Hipermercado Carrefour en Alcobendas

Las colas del hambre no paran de crecer en nuestro país. Esas imágenes que tanto impactaron cuando estábamos aún confinados y que hicieron que algunos redescubrieran la enorme desigualdad que sigue existiendo en España siguen ahí, porque cada vez más gente necesita ayuda de sus vecinos o de ONG para algo tan básico como la comida.

"Mi marido busca trabajo. No es que no quiera trabajar, es que no hay trabajo. Yo y mi marido estamos como en una pesadilla. Hay muchas veces que no he podido ni ir a comprar", dice Inés, uno de los nombres que ponen voz a tantos informes y cifras que se nos acumulan cada día para tomar la temperatura a esta crisis socio-económica. OXFAM nos recordaba que 700.000 personas más se están sumando a la lista de la pobreza extrema en nuestro país por la pandemia.

Familias como la de Inés, la primera que escuchábamos compuesta por 16 personas que viven de un único ingreso, 600 euros, de la Renta Mínima de Inserción. Hogares como el de Remedios, madre de cinco hijos y abuela de una decena de nietos, que hoy sobreviven por la ayuda de bancos de alimentos o de redes vecinales de ayuda como la de Moratalaz. Roberto, de la Asociación Apoyo insiste en que es necesario seguir donando: "A la gente que dona, le diría que lo siga haciendo. No es que unos pasan hambre y otros comemos todos los días. Si vivimos en una sociedad que esconde el hambre, estamos viviendo en un mundo que no es real. Si podemos donar para evitar ese sufrimiento, habrá que hacerlo", cuenta Roberto. A donar también es lo que les esta llamando la campaña que ha lanzado la SER junto a Cruz Roja.

Familias y redes vecinales que agradecen a los que siguen donando porque no han recibido ningún tipo de ayuda pública por los efectos de la pandemia y siguen dependiendo de la ayuda de los bancos de alimentos o las despensas solidarias. El número de familias que demanda alimentos no para de crecer.

Por mucho que ya estén solicitando el Ingreso Mínimo Vital, este tardará en llegar y la gente está cada vez más necesitada y las conversaciones buscando ayuda se multiplican.

"Hemos caído más abajo", dice una madre de 6 hijos, Inés, y deja claro que la situación ha empeorado: "Estamos peor que cuando empezó", cuenta. Otro vecino acude a preguntar al local de la Asocaición Apoyo si tiene derecho al Ingreso Mínimo Vital. Familias agobiadas porque de vivir en la pobreza han pasado a vivir en la necesidad extrema de no tener ni alimentos. "He dejado de pagar para comer todos estos meses, pero claro, la deuda ahora de todo no puedo hacerle frente", añade Inés.

600 euros al mes para mantener a 16 personas

Inés Torosio, una mujer de 54 años, mantiene a toda la familia con sus poco más de 600 euros de único ingreso para todos, la REMI, la renta mínima de inserción de la comunidad de Madrid , y por la ayuda vecinal , si no "imposible".

Ya no tiene miedo a que le vuelvan a cortar la luz porque su prioridad es comida para 16, es lo que tiene que conseguir cada día. Ellos son 4 en casa, pero otros 4 hijos y 10 nietos vienen cada día a por un plato de comida. "Hago cinco o seis tortillas. O pongo lentejas como el cuartel", explica

Se dedicaba antes a la venta ambulante en mercadillos, hasta que les robaron la furgoneta y no pueden ganarse la vida. La mayoría de sus hijos vive aún en infra viviendas en zonas como la Cañada Real y ve el futuro muy complicado para ellos. Son una de esas numerosas familias que ya padecían la pobreza antes de la pandemia, pero con ella llegó la pesadilla. "Siempre hemos estado mal. Trabajamos muchísimo pero para nada", relata Inés. Por eso, pide a todos los que ayudan que sigan haciéndolo porque el ayuntamiento los ha abandonado: "Nos dijeron que nos apañáramos con lo que tenemos", denuncia Inés, quien reclama derecho a comer.

En el caso de su vecina, Remedios, quien intenta sobrevivir con menos ingresos todavía. Los 3 integrantes de la familia comparten el piso, pero Remedios, da de comer a más de una quincena de sus familiares cada día. Tiene 55 años, 5 hijos y una decena de nietos, convive con su marido y el único ingreso que reciben son los 390 euros del REMI. "Ha sido todos los días lo mismo. Si hay patatas, patatas. Si hay macarrones, macarrones", comenta.

Roberto, al que hacen referencia, es uno de los integrantes de la 'Asociación Apoyo', que lleva muchos años ayudando a estas familias que convivían con la pobreza mucho antes de la llegada de esta pandemia. La pobreza que muchos han experimentado ahora es una vieja conocida de la familia de Remedios, quien pide a la gente que pueda que siga donando: "Son gente que lo necesita. Yo lo he dicho muchas veces: ¿me veré yo así?", añade Remedios, quien reclama a los políticos que se "vean como nosotros".

Su hija Toñi tiene 27 años y dos niños, la mayor de 6 y el pequeño 2." Fueron de las familias que recibían la comida fast food de la comunidad de Madrid. Volvieron los menús del colegio pero ahora se quedan sin nada porque se acaba el curso y no les han dado ninguna alternativa. "La niña no quería ni pizza ni nada, le acabó cogiendo asco", cuenta Toñi.

Con sus hijos y su marido viven en una sola habiatación en la casa de sus suegros. Vivían de los mercadillos pero ahora no tienen nada. Ella ingresa la REMI, recibe solo 500 euros, y acudió a pedir ayuda al ayuntamiento pero su asistente social le dijo "que quinientos sueldos era un sueldo".  No entiende como algunos partidos y algunos sectores sociales piensan que las ayudas que reciben pueden ser consideradas a fondo perdido.

La madre a la que las colas del hambre en España suponen un "choque"

Con su niña pequeña de la mano llega esta madre joven, uno de los nuevos perfiles de la pobreza, una de las víctimas de las secuelas económicas de la pandemia. A pesar de tener trabajo y de estar en un ERTE, que tardó mucho en cobrar, hatenido que pedir ayuda para comer, pero también ha ayudado a sus vecinos. "Todos me han tratado muy bien. Una manera de retribuir era prestar apoyo", explica

Con 31 años, su pequeña, su marido sin trabajo y sin percibir ninguna ayuda, ella ha reanudado su trabajo a media jornada desde el 1 de junio, pero aun no ha cobrado así que sigue recibiendo alimentos de la despensa solidaria de su barrio.

Son solicitantes de asilo, llevan más de un año esperando la respuesta del Gobierno. Dice que en su país nunca se vio en la necesidad de pedir alimentos y que nunca se imaginó ponerse en una cola por alimentos en Europa. "La situación de mi país, nunca nos vimos en la situación de hacer algo así", asegura.

Lleva recibiendo alimentos desde inicios de mayo, y advierte de que sin la ayuda de esos vecinos habría sido mucho peor.  Esta joven ha pasado de ser una de las que donaba siempre en la puerta de los supermercados a los bancos de alimentos a recibir esa comida porque lo necesita.

"Donar es más necesario que nunca", dicen estas madres y las propias redes vecinales pero recuerdan que deben ser las administraciones las que no dejen a estas personas en situación de abandono.

Las redes vecinales, salvavidas de cientos de familias

Roberto Borda, todo un veterano en esta batalla social, y una enorme red de voluntarios de la asociación Apoyo se han enfrentado a muchas crisis y han denunciando muchas políticas que generan sufrimiento. Ahora están siendo el único sostén de muchas familias en Moratalaz porque las administraciones públicas están reaccionando tarde y mal. "La atención deja mucho que desear, porque no llega a todos", denuncia. 

"Cada día sigue llamando gente", cuenta Roberto. Estas redes vecinales han sido el único salvavidas de hasta 140 familias en este caso y que no han sentido ningún apoyo de la administración.

A Roberto le ha llamado la atención como ha quedado en evidencia la precariedad laboral, el enorme número de trabajadores pobres que sufren las condiciones de trabajos basura, que con la precariedad, al mínimo problema, se queda sin protección. "Está reconocido el derecho de alimentación", subraya Roberto

Los vecinos, las vecinas, las redes solidarias que siguen manteniendo a tantos hogares que se temen, van a convivir con la pobreza durante más tiempo del que les gustaría .

Por Inés, por Remedios, por contribuir a ayudar a asociaciones como 'Apoyo' y tantas redes vecinales, hay que seguir donando , por eso mañana Hoy por Hoy sehará desde el hipermercado Carrefour en Alcobendas, pero sin olvidar que son las administraciones las que deben garantizar que no de manera coyuntural por esta o la próxima crisis , que garanticen con medidas sociales sólidas que en España nadie pase hambre

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