Miércoles, 20 de Enero de 2021

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Caminar sobre ascuas

Nos reunimos ante el televisor, no tanto para escuchar las palabras del jefe del Estado como para ver si era capaz de salir ileso de un campo minado

La opinión de Iñaki Gabilondo. / Iñaki Gabilondo

Ya en la Nochebuena pasada comenté que el mensaje del rey se había convertido en una especie de espectáculo sádico como el de la película 'Los Juegos del Hambre'. Nos reunimos ante el televisor, no tanto para escuchar las palabras del jefe del Estado como para ver si era capaz de salir ileso de un campo minado. Este año, mucho más.

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Con la sociedad angustiada y deprimida por el coronavirus, desunida por una polarización política nefasta y escandalizada por las andanzas del rey emérito. No cabe esperar sorpresas respecto a los dos primeros asuntos, coronavirus y desunión política, porque seguro que se citarán y es imaginable en qué términos.

Pero, ¿y en el caso del rey emérito? Éste es el gran compromiso de Felipe VI, una prueba dificilísima desde el punto de vista institucional y humano, pero también su gran oportunidad de dar un paso decidido en dirección a la gente y de liberarse de las andaderas que vienen enmarcando su reinado. Creo que necesita hacerlo.

Le digan lo que le digan sus palmeros la monarquía está tocada y necesita mucha más consistencia y mucho mayor calado si quiere afrontar las vicisitudes de una larga travesía.

Es de esperar que los redactores del texto y quienes lo dirijan sean conscientes de que en esta ocasión se necesita un mensaje distinto. Yo diría que incluso formalmente distinto, sin el hieratismo habitual. Más en la línea de proximidad y sinceridad de las charlas de chimenea de Roosevelt y con la misma claridad que el presidente norteamericano.

Porque las frases envueltas en celofanes retóricos, esas que luego interpretan los hermeneutas de la política, nunca han servido para mucho. Pero esta vez no van a servir para nada. Tal como están las cosas, lo más institucional es hablar claro.

En determinadas circunstancias nada hay más prudente que la audacia. Los que son capaces de caminar descalzos sobre ascuas encendidas suelen decir que eso sólo se puede conseguir con control mental y con decisión, y que no hay que pasar de puntillas.

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