Lunes, 26 de Julio de 2021

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Arquímedes de Siracusa

Fue probablemente el mayor matemático de la Antigüedad, nacido en la ciudad siciliana de Siracusa en el año 287 a.C., por entonces una colonia griega independiente. Es sorprendente lo poco que sabemos de su vida, así como el inexplicable olvido en que cayó pocos años después de su muerte

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Se sabe que su amigo Heracleides escribió una biografía suya, pero ninguna copia ha llegado a nuestros días, tal vez destruidas en el incendio de la biblioteca de Alejandría. Se interesó por todas las ramas del conocimiento, incluida la bélica. Durante la Segunda Guerra Púnica, cuando las legiones romanas asediaban su ciudad, Arquímedes desarrolló una serie de artefactos defensivos, tal y como cuentan los historiadores Polibio, Plutarco y Tito Livio. Sus inventos no fueron suficiente para resistir el asedio de Roma y la ciudad fue tomada en 212 a.C. Arquímedes halló también la muerte a manos de un soldado con varias versiones del hecho. La más aceptada es que se encontraba trabajando con un diagrama matemático cuando fue requerido por el soldado para que le acompañase ante el general Marcelo y, al hacer caso omiso, le atravesó con la espada. Según la leyenda, las últimas palabras de Arquímedes habrían sido: Noli turbare circulos meos (No molestes a mis círculos). Ya había encargado el diseño de su tumba: “Habiendo, pues, sido autor de muchos y muy excelentes inventos, dícese haber encargado a sus amigos y parientes que después de su muerte colocasen sobre su sepulcro un cilindro con una esfera circunscrita en él, poniendo por inscripción la razón del exceso entre el sólido continente y el contenido” (Plutarco, Vidas paralelas: Marcelo).

Fue enterrado cerca de la puerta de Agrigento, un lugar arqueológico con muchos sepulcros antiguos, y Cicerón buscó su tumba 180 años después. Y la encontró: “Yo, cuando era cuestor, descubrí su sepulcro, ignorado por los siracusanos, pues negaban categóricamente su existencia, rodeado por todas partes y recubierto de zarzas y matorrales. Recordaba, en efecto, unos modestos senarios que, según la tradición, habían sido inscritos en su tumba y que decían claramente que en lo alto del sepulcro se había puesto una esfera con un cilindro. Cierto día que recorría con la mirada todo el terreno, pues junto a la puerta de Agrigento hay gran cantidad de sepulcros, advertí una pequeña columna que no sobresalía mucho de la maleza, sobre la cual estaba representada la figura de una esfera y un cilindro. E inmediatamente dije a los siracusanos, algunos de cuyos notables iban conmigo, que en mi opinión aquello era lo que buscaba”.

Es posible que la tumba se mantuviera intacta durante muchos años más tras el descubrimiento de Cicerón, pero su localización y posiblemente la identidad de su ilustre morador volvieron a caer en el olvido en el siglo IV d.C. No obstante, Arquímedes nunca fue olvidado del todo y mucho menos sus grandes inventos y descubrimientos, como su famoso principio, el tornillo o el diseño del barco más grande construido en la Antigüedad: el “Siracusia”.

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