Lunes, 26 de Julio de 2021

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El tesoro del general Yamashita

Entre los tesoros más buscados en la actualidad está el Oro de Yamashita, saqueado de Asia durante la Segunda Guerra Mundial y ocultado en algunas de las 7.100 islas de las Filipinas. Al igual que los nazis en Europa, los japoneses no se quedaron cortos en el robo de obras de arte, lingotes de oro, joyas y documentos históricos en todas aquellas zonas que llegaron a controlar

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La leyenda asocia al general Tomoyuki Yamashita con un fabuloso tesoro. Apodado “El tigre de Malasia” o “El Rommel de la jungla” por su espectacular campaña en la península malaya que culminó con la conquista de la colonia de Singapur a los británicos en febrero de 1942. Tras la caída del primer ministro Tojo, en abril de 1944, Yamashita abandonó las remotas guarniciones de Manchuria y fue nombrado comandante del XIV Ejército, destinado a las Filipinas. Pues bien, este general codicioso enterró en más de ciento cincuenta lugares diferentes un botín cuyo valor se ha estimado en torno a cien mil millones de dólares en oro, plata, piedras preciosas y objetos artísticos y religiosos, todo ello saqueado en museos, iglesias y zonas que invadió su ejército durante la campaña de Malasia, Singapur, Birmania y Filipinas en los años 1942-45.

Para ocultar toda esa riqueza, dicen los rumores que escogió a algunos oficiales kamikazes, con la ayuda de prisioneros filipinos, para que enterrasen los fardos en coordenadas diferentes y luego asesinaran a dichos prisioneros para que no hubiera testigos. Finalmente, Yamashita ordenó a los pilotos suicidas que hicieran un último sacrificio por el emperador Hirohito y se lanzaran en sus aviones contra las tropas americanas estacionadas en la costa de Filipinas. ¿Qué hay de verdad en esta leyenda áurea? Lo cierto es que, ante la ofensiva estadounidense, se refugió en Baguio, al norte de la isla de Luzón, y más tarde Yamashita se rindió al ejército de Estados Unidos el 3 de septiembre de 1945. Fue juzgado por un tribunal militar, declarado culpable de crímenes de guerra y ahorcado en febrero de 1946 sin confesar el paradero de las supuestas fortunas escondidas. Desde entonces creció la leyenda urbana -o rural- del supuesto oro rapiñado y buscado en varios lugares. Se especuló que parte sería enviado a Japón a principios de los años 40, pero tras el bloqueo de las tropas norteamericanas, se tuvo que enterrar precipitadamente en los subterráneos del casco antiguo de la ciudad de Manila, en la que abundan los sótanos y los túneles, perfectos para guardar cualquier clase de botín.

El historiador Jesús Hernández, en su obra Enigmas y misterios de la Segunda Guerra Mundial (2010), confirma la existencia de ese tesoro y que ni siquiera los lugares sagrados se libraron de la codicia de las tropas niponas. «Incluso los templos budistas fueron saqueados. El botín se había acrecentado durante su estancia en las Filipinas; la antigua colonia española fue ampliamente saqueada por la codicia nipona, sin tan siquiera respetar las iglesias de culto católico ni las posesiones de ciudadanos particulares. Una hipótesis sobre el paradero del tesoro se difundió en marzo de 1988, año en que el cerrajero filipino, Rogelio Roxas, presentó una demanda ante el Departamento de Justicia contra el entonces depuesto presidente filipino Ferdinand Marcos y su mujer, Imelda, en un juzgado de Hawái, al considerar que le habían robado parte de ese tesoro..

 

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