Domingo, 05 de Diciembre de 2021

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Minutos de libertad robados al régimen sirio

Los pacíficos manifestantes sirios se concentran tan rápido como se disuelven para protestar contra Al Assad sin ser detenidos

Manifestantes protestando contra el presidente sirio, Bashar al Assad, después de los rezos del viernes en Zabadani, cerca de Damasco

Manifestantes protestando contra el presidente sirio, Bashar al Assad, después de los rezos del viernes en Zabadani, cerca de Damasco / REUTERS

"¿Estás en verde?", nos pregunta una de las personas encargadas de la difusión de la manifestación contra el régimen que tendrá lugar en pleno centro de Damasco. Se refiere a si nuestro ordenador tiene activado el protocolo de protección bajo el que están dispuestos a pasar información.

"A las 15:00 en la plaza Yousef Al Azmeh. Sé puntual porque a veces sólo podemos aguantar unos segundos". Llegué al punto de encuentro media hora antes para ser testigo de cómo se organizan, las señales que se hacen sin delatarse hasta que no se da la orden, a través de miradas cómplices y siempre silenciosas; aceptando a gente desconocida a los que les puede haber llegado la convocatoria, aunque sin dejar de pensar que pueden haber sido traicionados y caer de lleno en la trampa.

Además de la información precisa sobre la hora y lugar de la protesta, nuestro contacto nos pidió que nos acercásemos a una de las personas más activas de este tipo de acciones sociales pacíficas con las que están intentando provocar a la población para que se unan a ellos, para que abandonen el silencio y le planten cara al régimen de Bachar al Assad. Tras mostrarnos una fotografía a través de las redes sociales nos dijo que debíamos abordar directamente esa persona diciéndole una frase determinada para conseguir su teléfono y poder continuar conociendo a los grupos de activistas a favor del cambio en la capital.

Apenas cinco minutos antes de que comenzara la acción localicé a la persona que en cuanto pronuncié la frase me dio su teléfono y me pidió que me quedara en ese mismo lugar con los ojos muy abiertos.

A las 15:00 exactas los que parecían estar de compras, los que llevaban varios minutos mirando escaparates o hablando animadamente con un conocido recién encontrado en la calle, se dirigieron al centro de la plaza y se situaron alrededor del jardín mientras sacaban de sus bolsas de plástico pancartas escritas en árabe e inglés: "Nuestra revolución es pacífica", "La revolución es más fuerte contigo y conmigo"; "Madres de los mártires, ¿dónde están vuestros hijos?", "El pueblo sirio es uno. La sangre siria es una"; "A nuestra gente valiente: "Estamos preparados para sacrificar nuestros ojos"; ¿Qué libertad queréis? Dignidad y Justicia".

Algunos de ellos mostraban fotografías de los muertos durante los últimos meses, otros sostenían rosas rojas. Todos sonreían a los conductores que al darse cuenta de la protesta buscaban la reacción de los servicios de seguridad y apretaban sus bocinas para salir cuanto antes de la plaza. Desde varios puntos del lugar otros activistas grababan con teléfonos móviles y pequeñas cámaras la protesta.

Como si el tiempo se hubiera detenido, con los brazos extendidos y plantándose delante de los coches para que pudieran leer las consignas que el grupo había pactado tres días antes en uno de los puntos secretos de reunión, los activistas sintieron durante siete minutos que estaban en un país libre. Intentaron alargar los segundos para llegar al máximo número posible de transeúntes, de ciudadanos que quizás les apoyan pero que tienen demasiado miedo de unirse a ellos. Se mantuvieron en sus puestos hasta que recibieron mensajes de los que desde puntos cercanos a la plaza les avisaron de que empezaba a haber movimiento y que debían disolver la manifestación. Con la misma celeridad con la que habían extendido las telas y fotografías, volvieron a guardarlas en las bolsas de plástico, algunos las tiraron al suelo al empezar a correr. Decenas de hombres vestidos de civil, disfrazados de ciudadanos normales, empezaron a hablar entre ellos, indignados se distribuyeron corriendo por las pequeñas calles cercanas a la plaza.

Cinco minutos después aparecieron cuatro camionetas con militares y personal de civil que los activistas identifican como miembros de la milicia shabija fuertemente armados. Detuvieron sus vehículos en la plaza, empezaron a escudriñar con la mirada a los tenderos que intentaban no levantar la vista, volver a sus quehaceres con naturalidad. Pero los gritos enfadados de los que habían llegado tarde eran rotundos, se preguntaban unos a otros por dónde habían huido los activistas. Los policías del tráfico dieron la alarma y relataron la protesta a los recién llegados, les dieron detalles físicos de algunos de los que se congregaron; sexo, pelo, ropa, ... y cuando recogieron suficiente información, salieron a gran velocidad de la plaza en la dirección que habían emprendido la mayoría de los manifestantes.

Menos de una hora después en las redes sociales colgaban las fotografías de la nueva protesta pacífica y confirmaban la detención de 10 personas. Por la noche, encontramos a uno de los participantes que satisfecho describió la "desesperación y frustración" de las fuerzas de seguridad al no ser capaces de controlar estas acciones, como "cuando los perros llegan corriendo al lugar donde se les han prometido que comerán y lo encuentran vacío".

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