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Jueves, 02 de Abril de 2020

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Contempopránea: un clásico del indie, al borde del abismo

La crónica o el diario a bordo de la 17ª edición de este festival de la escena indie

Actuación de Amaral en el Festival Contempopránea de Alburquerque (Badajoz) /

Hay quien dedica unos días del verano a hacer un curso de algún idioma, una ruta gastronómica, descensos en piragua y hasta hay quien se va de retiro espiritual. Las siguientes líneas están dedicadas al Contempopránea, un festival de música que nada tiene que ver con la religión pero cuyos asistentes son auténticos devotos de los grupos que tocan. Una cita obligatoria cada verano para los amantes del indie patrio y un curso avanzado para los iniciados en el tema. En definitiva, y parafraseando a La Casa Azul, un auténtico huracán de sensaciones pop durante cuatro días en un pequeño pueblo de Badajoz.

Llega el mes de julio y el parapapara se empieza a oír en la cabeza de forma más insistente que el resto del año. El Contempopránea se acerca y, mientras unos preparan las maletas, Alburquerque - en la provincia de Badajoz casi pegando con Portugal - pone a punto la música que sonará este verano en cada supermercado, bar y piscina del pueblo. Cada vez son más los autóctonos que alquilan su casa durante esos días y, por lo general, se deshacen en atenciones con los nuevos habitantes de la localidad. No es raro que el casero aparezca con un 'tupper' de 'prueba' (un plato típico de Extremadura) o con algo de embutido de la zona. Porque no sólo de pop vive el indie.

Los que optan por el camping gratuito del festival - cada vez menos - no suelen tener tanta suerte. El sol pacense pega fuerte a partir de las 8 de la mañana y, teniendo en cuenta que muchos se han ido a dormir con el canto del gallo, eso se convierte en un problema. La solución siempre era ir a buscar sombra a la piscina que está justo al lado pero este año, por la crisis, no abría hasta las 12 de la mañana. Eso sí, a pesar de elegir la opción de camping, en este festival pocas chicas renuncian a sus planchas de pelo y la cola para utilizar el enchufe del baño son un clásico. Hay que estar perfecto.

El Castillo de Luna iluminado preside en lo alto la zona de los conciertos. Allí es donde te encuentras con quien todavía no habías visto. Todos los que, como tú, repiten. Gente a la que has conocido en el festival y a la que, seguramente, no verás hasta dentro de un año pero que durante esos días compartes canciones, bailes, saltos, risas y copas. Eso precisamente es lo que hace especial a este festival respecto a otros. Es como volver a las fiestas de tu pueblo cada año.

Pero no sólo repite el público. Hay grupos que son ya veteranos en Contempopránea. Sin ir más lejos, los que abrieron el festival el jueves: Cooper y Ellos. El primero empezó muy bien con la versión de 'Qué nos va a pasar' de La Buena Vida, el grupo homenajeado en esta edición. Los segundos, Ellos, el grupo formado por Guille Mostaza y Santi Capote, trajeron su formato dúo electrónico y, según buena parte del público, un Mostaza un poco más chulo de lo normal en el escenario.

El viernes el gran protagonista fue La Casa Azul y su espectacular puesta en escena que tantos malos ratos le está haciendo pasar a Guille Milkyway. En esta ocasión sólo le fallaron dos pantallas en una esquina pero el enfado se notaba en su cara a pesar de que el público bailó todas sus canciones sin respiro. El viernes también actuaron, entre otros, Klaus&Kinski, Maga y Niños Mutantes. Éstos últimos, especialmente reivindicativos, dedicaron 'Te favorece tanto estar callada' a Andrea Fabra y se terminaron de meter al público en el bolsillo. Los Chicos Malos Djs, otros clásicos ya de las últimas ediciones, cerraron la noche haciendo bailar a todos hasta el amanecer al ritmo de los Fresones Rebeldes.

También hay cada año nuevas incorporaciones al cartel. En esta edición Amaral ha sido la sorpresa y, según los organizadores, no podrían haber acertado más. Fue la noche con más público de las tres. Un público que además se quedó después a ver a Dorian y que se dejó el resto con Sidonie, a pesar de que eran más de las cuatro de la madrugada y de que llevaban tres días de festival a sus espaldas.

Llegó la última actuación y, un año más, surge la misma pregunta: ¿Seguirá celebrándose el Contempopránea en Alburquerque? Este año, además, se ha ido más allá y la duda ahora es sí habrá Contempopránea el año que viene. El director del festival, Agustín Fuentes, ha repartido una nota de prensa en la que habla de "incertidumbre por su continuidad" y donde explica que "la subida del IVA, del reducido 8% al 21% que aplicará el Gobierno tras el verano a los espectáculos musicales es la puntilla para todos: artistas, productoras musicales y promotores de conciertos".

Lo cierto es que, aunque se han superado las cifras de asistencia del año pasado, el festival no tiene la misma afluencia de ediciones anteriores en las que se acababan las 5.000 entradas en venta. Sin meternos en si se debe a la herencia de Zapatero o a cualquier otro motivo, lo que no deja de ser paradójico es que, cuando más de moda está el indie, esté en peligro la continuidad del festival más antiguo de este tipo de música.

Si los malos presagios se confirman y ésta ha sido la última edición de Contempopránea que se celebra en Alburquerque, tanto el pueblo como todos los que van allí cada año se van a echar mucho de menos. Un disgusto más para el alcalde del pueblo que lleva más de un mes en huelga de hambre para reivindicar la continuidad de las ayudas a las energías renovables en la localidad.

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