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Domingo, 25 de Agosto de 2019

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Un año de decisiones económicas

Rajoy ha tratado de tranquilizar a los mercados intranquilizando a los ciudadanos

Desde que ganó las elecciones el Partido Popular ha ido incumpliendo sistemáticamente compromisos económicos, tributarios y sociales con tal cumplir el objetivo de déficit público. Pero el ajuste ha deprimido la economía y reducido los ingresos del Estado, que tampoco logra el déficit esperado.

El aserto de que las promesas electorales están para no cumplirse ha pasado con Mariano Rajoy de creencia popular a verdad probada. Al menos en lo que se refiere a política económica y laboral. Comenzó a serlo en su segundo Consejo de Ministros. Rajoy había dicho que no tocaría los impuestos y lo primero que hizo fue subir el IRPF. Fue sólo el comienzo.

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Poco después el Gobierno abarató el despido, que Rajoy había dicho que no haría. Lo hizo en la reforma laboral más radical de las continuas reformas laborales acometidas en España. Fue saludada con satisfacción por la patronal bancaria y llevó a los sindicatos a su primera huelga general contra el Gobierno del PP.

En abril impuso a las Comunidades Autónomas un recorte de 10.000 millones de euros en sanidad y educación. Había asegurado que no recortaría prestaciones sociales. Esto es sólo una parte de los 56.440 millones de euros que entre recortes y subidas fiscales ha acordado el Gobierno.

En ellos se incluye otro incumplimiento. Rajoy aseguró antes de ganar las elecciones que no recortaría las prestaciones por desempleo. Y recortó las prestaciones en julio en el decreto-ley más contundente de los aprobados por su Gobierno. El decreto incluyó también la eliminación de la paga extra de Navidad a los empleados públicos, que supone dejarles sin el 7% de su salario anual. Y sobre todo la subida del IVA, que había sido negada hasta poco antes. Esta segunda gran andanada le valió a Rajoy una segunda huelga general.

El Gobierno justificó la mayor parte de los incumplimientos por la necesidad de anteponer, por encima de todo, el objetivo de déficit público impuesto por la Unión Europea. Pero precisamente el objetivo de déficit, considerado intocable, ha sido lo que más se ha incumplido.

En el debate de investidura Rajoy aludió al compromiso de cumplir con un déficit del 4,4%. Poco después le dijo a la Unión Europea que no era posible, porque el año anterior el déficit se había disparado. Y Rajoy anunció que el déficit sería del 5,8%. El objetivo duró poco tiempo. La Unión Europea le hizo rectificar y el objetivo volvió a cambiarse al 5,3%. Tampoco fue el último incumplimiento. Pese a los fuertes recortes parecía imposible no sobrepasar ese déficit y la Unión Europea le autorizó cambiarlo. Quedó en el 6,3%. A estas alturas ni la Comisión Europea se cree que no vaya a sobrepasarse.

El decir una cosa y hacer otra alcanzó su máxima expresión con el rescate solicitado a la Unión Europea para sanear la banca española. No sólo fue negado poco antes de solicitarlo. Fue negado por el propio Rajoy una vez acordado por las autoridades españolas y europeas. Hasta ahora evita llamarle como todo el mundo: rescate

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