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Algo más que aprender a cocinar

Las escuelas de cocina ofrecen multitud de cursos que conjugan la diversión en grupo, el conocimiento gastronómico y el interés turístico

"La gastronomía se está convirtiendo en parte de la intelectualidad. Saber cocinar o saber de vinos está bien visto". /

"Te relajas, compartes algo placentero y se crean situaciones divertidas: chapucillas, confidencias, complicidades". Laura Gosalbo no tiene una agencia especializada en singles. Tampoco dirige una comedia romántica. Se doctoró en químicas pero lo suyo es la cocina y lleva varios años al frente del "espacio global de divertimento y formación" Gastronomía Activa, en Barcelona. "Hay gente que viene para aprender porque necesita cocinar. Su enfoque es muy práctico, viene por necesidad. Pero también hay gente que busca divertirse, hacer cosas nuevas... y todo eso puede llevarte a algo más".

Gastronomía Activa forma parte, como Kitchen Club o Cocina Cayena, en Madrid, La Mesa, en Málaga, o Los Tamarises, en Getxo (Vizcaya), de una red de escuelas patrocinadas por la firma de electrodomésticos Electrolux. Pero no son las únicas. A Punto, en Madrid, combina un espacio de librería gastronómica con otro dedicado a las actividades. Y Gabriella's Kitchen ofrece talleres de pintxos en un piso de lo viejo de San Sebastián.

Las clases de cocina y los cursos de cata se han convertido en una alternativa de ocio cada vez más popular. Lo aprendido tiene una aplicación directa: recuperar las recetas de siempre, sorprender a los amigos con algo sofisticado, enriquecer la sobremesa con reflexiones propias de un experto... "La gente quiere disfrutar más de un vino, un queso o un chocolate, y eso se consigue con conocimiento", señala Gosalbo por teléfono.

El perfil de los alumnos es muy variado. "Al de Cocina para principiantes, por ejemplo, suele apuntarse gente que acaba de independizarse y que quiere aprender a cocinar", explica Gosalbo. ¿Y se liga? "Muchos de los que vienen son singles y ves que durante el año van cambiando algunas relaciones", responde con discreción.

Pero a estos cursos, cuyo precio oscila entre los 40 y los 120 euros, no solo se apuntan jóvenes solteros que apenas saben freír un huevo, claro. Hay cumpleañeros a los que han querido sorprender con un regalo diferente, alumnos avanzados, cocineros en paro que buscan reciclarse y, según Sara Cucala, de A Punto, bastantes profesionales en activo con ganas de "aprender de los maestros".

También muchos extranjeros. La neoyorquina Gabriella Ramelli lleva en San Sebastián desde 1987 y, trabajando como guía turística, observó que en semejante "meca de la cocina" costaba encontrar clases para aprender a hacer pintxos o platos del recetario tradicional vasco. "Cuando la gente viaja quiere aprender algo y una clase de cocina es muy divertida", explica por teléfono.

Su empresa forma parte de Euskadi Gastronómika, una iniciativa de Basquetour diseñada para impulsar el turismo enogastronómico a partir de experiencias que muestran el entorno y el backstage de los grandes templos de la cocina del País Vasco. La clase de pintxos, por ejemplo, incluye una visita al mercado de La Bretxa, un tour por la ciuda, una clase de cocina impartida por Josetxo Lizarreta y al final, claro, comerse todo. "La duración prevista es de cuatro horas pero, como estamos a gusto, suelen durar mucho más", apunta la empresaria.

"La gastronomía se está convirtiendo en parte de la intelectualidad. Saber cocinar o saber de vinos está bien visto", reflexiona Laura Gosalbo. "Ha aumentado el interés por aprender historia u otros aspectos que enriquecen el nivel cultural", añade la periodista Yanet Acosta, autora de El chef ha muerto y directora de la plataforma de formación on-line The Foodie Studies.

En Gastronomía Activa, de hecho, piensan poner pronto en marcha una especie de club gastronómico en la que se trabajarán y comentarán libros. "Como en un club de escritura solo que, en vez de escribir, cocinaremos", explica la madre de la idea.

En A Punto, donde usan como apellido "Centro Cultural del Gusto", coinciden con esa visión transversal del tema, pues además de vender libros y ofrecer talleres, están acabando de perfilar la puesta en marcha de una editorial y productora de contenidos. "La idea nació bajo la influencia de librerías con cocina de Londres, Roma, Nueva York o Viena", detalla Cucala.

Para aquellos que prefieran alternar las experiencias personales con el aprendizaje a distancia, propuestas como la de The Foodie Studies puede resultar muy atractiva: "El curso de Inglés para la cocina es muy divertido", dice Yanet Acosta. "Rodando los vídeos por mercados, restaurantes y tiendas de Madrid hemos disfrutado mucho y esa emoción se transmite. Además haremos alguna clase presencial para cocinar en inglés platos americanos", explica. "¡Promete ser divertido!".

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