Viernes, 19 de Agosto de 2022

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Sherlock, Luther: cuestión de abrigos

Los dos protagonistas de ficción de la BBC son dos tipos genuinos, con personalidad y a los que nunca les falta esta prenda

Sherlock, Luther: cuestión de abrigos

En el primer episodio de su esperada tercera temporada, emitido el día de Año Nuevo, Sherlock Holmes pedía su genuino abrigo para consumar su retorno a las calles de Londres. En esas mismas calles, el inspector jefe John Luther arrojaba el suyo al Támesis desde el Southwark Bridge. Despedía así, este verano, su -hasta la fecha- última temporada. Y es que en Londres, para atrapar a los malos, tienes que llevar abrigo.

'Sherlock' y 'Luther' dos maravillas de la BBC. Dos series cuyas temporadas se estrenan cada año y medio o dos años, que se administran con cuentagotas, compuestas por tres, cuatro, seis capítulos a lo sumo. Dos ficciones con la investigación criminal como tema y con dos espectaculares personajes protagonistas. 'Luther' llegó a su final este verano. Un final que, de momento, no es definitivo -falta confirmación oficial de que no va a haber una cuarta temporada-. La audiencia agasajó a esta serie en los cuatro episodios de su tercera entrega, con un promedio de unos 5 millones de espectadores.

'Sherlock' acaba de estrenar su tercera temporada tras dos años de espera. Había ganas. En su capítulo inicial del pasado miércoles 1 de enero, 'Sherlock' logró su máximo histórico al reunir a casi 9,2 millones de espectadores. En julio de 2010, el capítulo inaugural de la serie fue seguido por 7,5 millones de personas. El 1 de enero de 2012, fecha del inicio de la segunda temporada, la serie creada por Steven Moffat llegó hasta los 8,8 millones de espectadores de media. Este domingo 5 de enero se emite el segundo episodio de una tercera temporada que comenzó vibrante y emocionante.

Quizá este, emocionante, sea el adjetivo que mejor defina a estas dos ficciones. No se puede apartar la vista de la pantalla, poseen un vertiginoso ritmo narrativo gracias a unos inteligentes guiones y, cuando estos flojean, se ayudan de una realización técnica envidiable.

Pero sobre todo, 'Sherlock' y 'Luther' son dos series cuyos protagonistas lo eclipsan todo, hasta el nombre. Idris Elba, un actor ante el que uno debe quitarse el sombrero y que siempre recordaremos como Stringer Bell en 'The Wire', da vida al inspector jefe de la Policía Metropolitana de Londres, John Luther.

Luther es un tipo corpulento, de andares firmes, pero poco elegantes. Sobre la grisura habitual de Londres, Luther no desentona. Si acaso oscurece el panorama con ese semblante serio y poco entusiasta. La única nota de color a su aspecto la da su corbata roja. Como si fuera su mejor arma, Luther se enfunda en su abrigo -medio pardo, medio gris- de tres cuartos, hasta el medio muslo. Las solapas son pequeñas y plegadas sobre su pecho. El abrigo se cierra parcialmente con una botonadura central, pero John Luther siempre lo lleva abierto. Siempre con encorvado, con los hombros hacia delante; con las manos en los bolsillos. Pensativo.

John Luther deduce. Como Sherlock Holmes. Sin embargo, el personaje al que da vida en la ficción de la BBC Benedict Cumberbatch es más explosivo en su discurrir, más metódico, más científico. Sherlock -huelga decir que es una adaptación contemporánea del personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle- funciona como una computadora. Analiza sistemáticamente todo cuanto puede entrar en contacto con alguno de sus sentidos. Recoge la muestra, la analiza, deduce y concluye. Todo en cuestión de segundos, como si fuera un milagro, convirtiendo su talento en algo no tan elemental (¿verdad Watson?).

El Sherlock de la BBC no usa gorra de doble visera, ni lupa. Pero sí abrigo. Largo, por debajo de la rodilla. Con el corte de una gabardina tradicional -de gran vuelo en su parte trasera- que se abotona gracias a una doble hilera de botones cerrándose una parte del abrigo sobre la otra. Grandes solapas que permiten a Holmes levantarse el cuello del abrigo otorgándole un aspecto mucho más interesante y enigmático. Se mueve también en tonos oscuros, como si la ausencia de colores vivos ayudase a pensar mejor. En su solapa izquierda un ojal rojo.

Tipos solitarios

Tanto Luther como Holmes parecen guarecerse en sus abrigos para aislarse de la gente. No odian a sus compañeros de raza, pero no terminan de congeniar con ellos; en ocasiones, hasta les molestan. Parecen condenados a vivir en soledad y a convertir su trabajo en el eje de sus vidas. Algo que no les disgusta; especialmente a Holmes.

Sherlock es investigador (detective) privado. Elige para quien trabaja. Recibe a sus posibles clientes en el 221B de Baker Street. A la mayoría de ellos les resuelve las dudas, por elementales, desde su sillón. Eso le aburre. A Sherlock le atrae lo que no entiende. Le excitan los enigmas por el mero hecho de estar ante el reto de darles una explicación. Así que cuando Sherlock colabora con la Policía de Londres, no busca un mundo mejor, sino divertirse.

Como Holmes, Luther ha convertido su trabajo en causa y consecuencia de su vida solitaria y sombría. Él, por el contrario, sí representa al Estado. Es policía y debe velar por el cumplimiento de las leyes. Pero Luther prefiere velar por el cumplimiento de la justicia. No es un justiciero para el que el fin siempre justifica los medios. Para Luhter, el fin sólo algunas veces justifica según qué medios. Por eso, la libre interpretación que hace no es de la justicia, sino de las leyes que la regulan; elaboradas por hombres que, en ocasiones, no difieren tanto de la gentuza con la que trata en los peores barrios de Londres.

Por ahí se mueve John Luther. Por edificios de apartamentos de gente pobre, barrios problemáticos, nidos de asesinos. Luther, pese a tener en su inteligencia y en la deducción sus mejores virtudes, no es capaz, como Sherlock, de saber qué hizo un sospechoso ayer con sólo mirarle o estrecharle la mano. Lo que hace Luhter es meterse en la mente del criminal. Pensar como lo haría él e intentar ir por delante. Deducir, llegar a conclusiones en base a la naturaleza del tipo al que persigue. Para ello necesita, sin darse cuenta, involucrarse personalmente en cada uno de sus casos. Una bomba que acaba explotando a quienes le rodean.

Sherlock Holmes no podría usar ese método de Luther por la sencilla razón de que él no conoce a las personas. No entiende de "naturaleza humana". Lo suyo es la ciencia.

Las mujeres y los inseparables compañeros

Pese a esa existencia alejada de la toda sociabilidad, Luther y Sherlock son dos tipos con una personalidad tan arrolladora que terminan suscitando el interés -para bien y para mal- de todos cuantos entrar a formar parte de su mundo. Bien de manera circunstancial, bien por propia elección.

Los dos han visto cómo la compañía de su compañero de trabajo -en el caso de Luther- o de casa -en el de Holmes- se convertía en fundamental para la resolución de sus casos. El sargento Justin Ripley (Warren Brown) o John Watson (Martin Freeman) son para ellos como el bastón en el que pueden apoyarse. Su relación evoluciona a lo largo de los capítulos pasando del desdén a la confianza en la que se cimienta la amistad verdadera.

Y si Ripley o Watson ponen cordura y sentido común a sus difíciles actitudes, las pocas mujeres que aparecen en sus vidas lo hacen para desordenar su universo, para cortocircuitarlos. Mujeres raras, inteligentes, con una alta dosis de maldad que encajan en sus vidas como piezas de puzle. Irene Adler (Lara Pulver) se convierte, para Holmes, en una benda que nubla su visión, que le lleva a hacer cosas que nadie hubiera pensado que haría. Que neutraliza su personalidad. En el caso de Luther es Alice Morgan (maravillosa Ruth Wilson) la que se destapa con ese veneno de mujer que anula la esencia del gran inspector. Por causa de ellas, ambos desconfían plenamente del género femenino, recelan de las mujeres como un gato lo hace al acercarse al agua. Gracias a ellas dos, Holmes y Luther descubren también, que entre las mujeres las hay excepcionales y que pueden quedar perdidamente enamorados de ellas.

'Luther' y 'Sherlock' son dos series magníficas. 14 capítulos de menos de una hora nos ha dejado la primera. Y 9 episodios, de unos 90 minutos, dejará la segunda. Cuidados productos de la BBC que nada deben envidiar a lo que llega de otras zonas. Con sus altibajos y sus errores, que los tienen. Y con dos personajes dibujados sublimemente dentro del género negro, policiaco. Ambos se asientan en el creado por Conan Doyle.

Holmes y Luther tienen un magnetismo que nos emboba deseosos de escuchar la siguiente palabra que saldrá de sus bocas. Se mueven por Londres, pero han dejado olvidada la famosa flema inglesa. Son dos tipos particulares, hechos a sí mismos y con abrigo. Porque en Londres, para atrapar a los malos, tienes que llevar abrigo.

La Script (04/01/2014) - Series para comenzar 2014

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