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Martes, 12 de Noviembre de 2019

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El huerto de la tía Lou: amor y tomates

Lourdes Rosano decidió dejarlo todo para cultivar tomates en Sanlúcar de Barrameda y este año ha sembrado 150 variedades distintas

"Cuando vivía en Madrid, como soy de Cádiz, decía: ¡joder, que me manden energía positiva!". /

"Esta historia empezó hace cuatro años, cuando conocí a Manuel Mateo, mi compañero. De su mano redescubrí el sabor del auténtico tomate. Pero estábamos cansados de cultivar las cinco variedades de siempre y descubrimos que en el mundo existen ¡5.700!". Lourdes Rosano habla deprisa pero se le entiende perfectamente. La tía Lou cambió el marketing, el estrés y las reuniones por un huerto con tomates. Y no en cualquier sitio: volvió a casa, al sur. "Decidí montar un blog escrito desde la soledad del campo, Cosas que nos hacen disfrutar, para compartir el privilegio de vivir en este rinconcito mágico", explica por teléfono. "Fueron nuestros seguidores los que dijeron: 'Oye, me encanta ese trabajo pero yo quiero probar los tomates'. Así empezó esta pequeña revolución".

"Después de 13 años en Madrid, un día me dije: pero, ¿yo no era de Cádiz? Dejé el trabajo, hice las maletas y me vine para acá", explica Rosano. "Y después de otros seis años en el Diario de Cádiz, me dije: 'señores, yo quiero vivir de otra manera'. Entonces aparece Manolo y me enamora su vida, sus tomates, su filosofía".

Cuenta la tía Lou que al principio cultivaban para compartir con amigos y allegados, pero empezaron a investigar, a navegar por Internet y a intercambiar semillas con gente de todo el mundo, hasta que hace dos años cultivaron 69 variedades diferentes: "Ahí fue donde descubrimos que lo que nos han vendido como tomate sabe a otra cosa, en realidad".

Llegados a ese punto, todo ha sido un no parar: "Al principio comprábamos un poco al tuntún. En casas comerciales, semillas de herencia, los foros... ¡Hay unos tomates negros en Rusia que no es normal!", dice emocionada. "Al final la gente ya nos conoce y nos dice: 'Tenemos un tomate amarillo de Argentina que está tremendo'. Y te manda las semillas y, claro... ¡lo tienes que plantar!".

La cosa se les ha ido tanto de las manos que, aunque "el objetivo era seleccionar unas 40 variedades", al final han acabado pasando de 69 a 150. "El año que viene, no", asegura la tía Lou. ¡Tenemos un amigo que dice que esto es como una Torre de Babel del tomateo!".

En todo caso, lo que empezó como una afición se ha convertido en un pequeño proyecto de e-commerce. A través de la web elhuertodetialou.com se pueden encargar cajas de 3 kilos de tomates por 20 euros, pero con el trabajo del campo, ya se sabe: "Cuando ya parece que todo va para adelante, ¡pum! Viene un conejo y le pega un bocao. Y dices tú: 'Pero chaval, ¡que llevo seis meses esperando esta delicatessen!'".

A Rosano le gusta mancharse de arena o tierra mojada y habla con devoción de sus variedades de tomate: uno blanco con el que prepara salmorejo, el acordeón amarillo ("insípido pero muy bonito"), el roteño fuerte, el de Algeciras, el negrillo segureño, el del macizo de Montserrat, el de una comunidad Amish de EE UU... "Creo que somos los que más variedades cultivamos, pero es de locos!", resume. "¡En invierno tenemos la casa llena de semilleros!".

Los tomates de la tía Lou no tienen sello de agricultura ecológica pero Rosano asegura que, en realidad, no utilizan química. Ella y Nono son partidarios de "un cultivo responsable que dé frutos sanos". Que tenga sello o no, según dice, es otra cosa.

Después 20 minutos al teléfono, reconoce que cuando se pone a hablar de tomates, no para. Se nota que hay pasión de todos los colores: "Y porque no hablamos de los pimientos picantes, que es otro mundo por descubrir"...

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