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Plástico a partir de residuos de pan: una alternativa técnicamente posible

La corteza del pan de molde, la parte del bizcocho que queda al desmoldar... pequeños residuos que, a nivel industrial, son grandes cantidades de desperdicios que se pueden convertir en envases biodegradables para productos de panadería y bollería. Lo ha demostrado un grupo de investigadores que acaba de recibir un premio de la Unión Europea por ello

Bread4PLA ha sido seleccionado por la Unión Europea como uno de los 15 mejores proyectos LIFE de los últimos 25 años /

El ácido poliláctico (PLA) es un polímero que se utiliza para hacer envases y que, a diferencia de otros plásticos, es biodegradable. Se obtiene a partir de la fermentación de los azúcares del maíz o de la caña de azúcar y ahora, un grupo de investigadores de Valencia (AIMPLAS), Palencia (CETECE), Alemania (ATB) y Reino Unido (Universidad de Bangor) han demostrado que también se puede obtener a partir de cortezas y residuos de pan de molde y bizcochos.

Rosa González es la investigadora principal de este proyecto / AIMPLAS

La utilización de este tipo de plástico para envases destinados a productos de panadería y bollería tiene varias ventajas: "Para empezar, partimos de un material que proviene de un residuo, que tiene muy poco valor. Además, es un material biodegradable y compostable (a diferencia del polipropileno que viene del petróleo) y, por último, evita el enranciamiento de productos como pastas y mantecados, en los que se ha logrado una vida útil de hasta doce meses", explica Rosa González, la investigadora principal de este proyecto que recibe el nombre de Bread4PLA y que acaba de recibir uno de los dos premios de los Green Awards concedidos por la Comisión Europea en la categoría de medio ambiente.

Empresas como Panrico o Grupo Siro participaron en este proyecto suministrando a los laboratorios los residuos de su pan. Una vez se ha demostrado que es posible obtener este material, el siguiente paso es llevarlo a la práctica: industrializarlo. "Estos procesos a escala industrial tienen productividad muy alta y requieren de una cantidad de residuo muy grande para que el proceso sea viable. Es muy difícil la logística, recoger suficiente cantidad de un mismo residuo para llevarlo a la planta donde se va a fermentar y obtener el ácido láctico", cuenta Rosa, consciente de que, aunque su investigación ha dado buenos resultados, tiene una aplicación complicada en el mercado. "Técnicamente es posible. Si algún día la gestión de residuos se puede organizar de otra manera, intervienen organismos públicos que facilitan esa recogida y transporte… a lo mejor en el futuro sí se quiere trabajar más en esa línea”. Lo llaman economía circular pero para que el círculo se cierre es necesario dar un paso más y todavía quedan unos años. Quizá décadas o lustros. "El petróleo antes o después se acabará y es necesario que se vayan haciendo estos desarrollos", dice Rosa. Este proyecto es un granito de arena más en esa dirección.

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