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"¡La cucaracha era preciosa! La hemos mordido antes. ¡Graciosísimo!"

Asistimos a una cata de insectos con vinos de Rueda

Chapulines con papas asadas, sepia y yema de huevo de corral. /

Unos 2.000 millones de personas comen insectos habitualmente, según datos de la FAO, y la cifra va en aumento. Este miércoles, sin ir más lejos, unos 50 valientes hemos decidido catar vinos de Rueda con hormigas, gusanos y hasta cucarachas.

Pero no insectos a palo seco, como se suele decir, sino como parte de diferentes tapas. Una experiencia enmarcada en el programa de Enofusión, la zona de Madrid Fusión dedicada a la gastronomía líquida, que los responsables del Consejo Regulador han justificado con "el objetivo de demostrar la versatilidad" de sus vinos, y que además enmarcan en el proceso de modernización que están impulsando con la renovación de su logo y la organización de eventos tan llamativos como este.

Minutos antes de empezar, varias personas aguardaban frente a la puerta del espacio de cata con una mezcla de nervios y expectación. Germán, un joyero de origen colombiano y aficionado a "comer bien", ya tenía experiencia con las hormigas culonas. Lorena y Esmeralda, en cambio, estaban ahí porque habían ganado un sorteo en Instagram. Nunca habían probado los insectos, pero esperaban "algo crujiente" tenían claro que "la comida es una cuestión cultural".

La cata, definida como "divertida, simpática y un poco canalla" por Santiago Mora, director del Consejo Regulador de la Denominción de Origen Rueda, constaba de seis vinos maridados con seis tapas y Manuel Soto, responsable de la empresa Uninicio, la encargada de elaborar el menú, anunció que se iba a seguir un orden "de menos escrupuloso a más escrupuloso".

Cata de vino e insectos en Madrid Fusión. / C. G. CANO

Para empezar, un Aura Verdejo Vendimia Nocturna 2017 con una sardina limada con vinagreta de maracuyá y sal de gusano. Un bocado de lo más sabroso con un condimento aún muy asumible que aportaba un toque salado y picante. "¡Qué bueno!", se oía de fondo. "¡Con el vino, muy bien!", decía otro.

El segundo maridaje: Viña Sanzo Sobre Lías 2017 con (hor)migas crujientes con chorizo y panceta. Primera imagen de impacto que, en el fondo, solo reforzaba la parte crujiente del plato. "Yo esto ya lo probé cuando se me cayó un trozo de panceta en el campo", dijo algún gracioso.

'Hor-migas' con chorizo y panceta. / C. G. CANO

Los siguientes verdejos de Rueda, Malcorta 2017 y José Pariente Cuveé Especial 2016, llegaron acompañados de unos chapulines con papas asadas, sepia y yema de huevo de corral, y un rollito vietnamita con tartar de navaja, verduras de temporada y mix de gusanos, respectivamente. Insectos deshidratados y sazonados cuya textura, en realidad, no es muy distinta a la cáscara de una pipa.

Rollito vietnamita con mix de gusanos. / C. G. CANO

El plato fuerte, de todas formas, era el chili crab —una especialidad asiática con marisco y picante— acompañado de una especie de huevo sorpresa relleno de cucarachas. El blatodeo estaba escondido en el interior de una esfera crujiente y los responsables de la cata animaron a los presentes con un "¡no hay que dudar!".

Chili crab de cucarachas, maridado con vino de Rueda. / C. G. CANO

Pero la gente sí dudaba. Sobre todo los que decidimos inspeccionar el interior de esa bola aparentemente inofensiva y descubrimos un bicho del tamaño de un azucarillo y de textura algo correosa. Más allá del tabú cultural, lo cierto es que hay miles de productos más sabrosos y apetitosos que una cucaracha.

¿Ves lo que hay dentro de la esfera crujiente? / C. G. CANO

La idoneidad de la armonía con el Valdecuevas Fermentado en Barrica 2016 quedó en segundo planto, claro. Y de hecho, incluso restó importancia al postre final: un shot de gusano con mousse de té matcha, maridado con Circe 2018.

Tras la cata, una pregunta sobre la existencia de los tintos de Rueda y una felicitación a los organizadores de esa "brutal experiencia". Ningún desmayo, ninguna arcada y ningún aspaviento, ¡al contrario!

A la salida, Lorena y Esmeralda estaban eufóricas: "Estaba todo muy rico. Ha sido una experiencia positiva y muy interesante. ¡La cucaracha era preciosa! La hemos mordido antes. ¡Graciosísimo!". Germán, por su parte, reconocía cierto "repelús y asquillo" al escuchar el nombre "cucaracha, pero aseguraba que en la boca, mezclada con el resto de sabores, no se había dado "ni cuenta".

María José, una ingeniera aficionada al vino, reivindicaba que en su sector siempre trabajan "con la mente muy abierta" y pide la misma "apertura de miras" con la comida: "Si determinadas generaciones de españoles comían lagarto y ranas, ¿qué diferencia hay?".

Está claro que los que acudimos a la cata éramos, sin excepción, aventureros gastronómicos, profesionales o ambas cosas a la vez. Pero lo que la Denominación de Origen Rueda ha descrito como "vanguardia", a día de hoy no parece más que una excentricidad con un gran potencial marketiniano.

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