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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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Amalia (taxista): "Muchos clientes me preguntan cuándo podría tomarme un café con ellos"

El día a día de una taxista en Madrid entre comentarios de compañeros y pasajeros

Amalia es taxista en Madrid desde hace dos años /

Amalia tiene 40 años y es de Rumanía. Allí era contable pero cuando llegó a España en 2013 empezó trabajando en un almacén de productos de su país hasta que quisieron trasladarle a la central, en Xàtiva, y ella optó por quedarse en Madrid y hacerse taxista: “Me permite tener un horario flexible, cuidar de mi hija y seguir estudiando”. No tiene pareja, es madre soltera, y gracias al taxi puede pasar al menos dos horas al día con la niña. Entre semana trabaja unas 10 ó 12 horas y los fines de semana hace dos turnos de 8 horas, uno de ellos, de noche: “Algunas veces he pasado miedo, hay clientes borrachos que tienen ganas de pelea. Una noche tres chicos empezaron a pegarse dentro del coche y un puño pasó al lado de mi oreja”.

Pero Amalia no sólo le incomodan a los borrachos agresivos: “Hay clientes que piensan que estás dispuesta a cosas sin compromiso. A menudo me quieren invitar a discotecas, me dicen que es una pena que trabaje el sábado por la noche, que mejor me vaya a bailar y disfrute de la vida. También me preguntan si estoy casada, si tengo pareja, hijos… pero lo que más me preguntan es si tengo tiempo para tomar un café”. Recuerda que la primera vez estuvo explicándole al cliente mucho tiempo que no lo iba a hacer. Ahora les coge los teléfonos y los tira “en cuanto se bajan”.

Mientras Amalia trabaja, su hija de 12 años se queda sola o con otra familia rumana. La niña estudia en un colegio bilingüe, va a clases de natación y de esgrima. En estos dos años desde que Amalia es taxista, la vida de las dos ha cambiado mucho: “Vivimos de alquiler pero, con mis ahorros, hemos amueblado el piso a nuestro gusto. Además, he recibido la homologación de mi título universitario e intento dar buen ejemplo a mi hija y sigo estudiando a mis 40 años, quiero hacer un máster de profesora de inglés”.

Amalia, junto a su hija de 12 años / CADENA SER

En este tiempo, entre sus compañeros del taxi ha encontrado de todo. Nunca olvidará uno de sus primeros días en Barajas: “Me tocó una familia que tenía muchas maletas y unos compañeros de detrás, en lugar de ayudarme, se estaban riendo pensando que no iba a ser capaz de levantar la maleta más grande. Mido 1,63 metros y peso 60 kilos pero aún así pude subir las maletas y les dejé con la boca abierta”. Alguna vez ha tenido que escuchar que se vuelva a su país y hay quien le ha adelantado para quitarle clientes pero, por lo general, tiene buenos amigos en el sector que le tratan “con confianza y respeto”. Lamenta que los taxistas tengan fama de “violentos”, como ha oído durante la huelga, y desearía que todos sus compañeros fueran más responsables “para mejorar la imagen y la calidad del sector de taxi”.

Todavía no ha echado a nadie de su coche pero reconoce que sí ha tenido ganas en más de una ocasión: “Aunque hay clientes que no te respetan, yo siempre intentaré hacer mi trabajo lo mejor posible. Siempre les trato como me gustaría que me trataran a mí”.

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Cadena SER

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