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Y Marchena preguntó a Trapero

El mayor de los Mossos sabía el terreno que pisaba y la incómoda condición en la que iba a declarar porque acudía como testigo, lo que le obliga a decir la verdad

Captura de la señal del Tribunal Supremo con la declaración de Josep Lluís Trapero, jefe de los Mossos d'Esquadra durante el 1-O, y su abogada, Olga Tubau. /

La declaración como testigo en el juicio al procés del mayor de los Mossos de Escuadra, Josep Lluís Trapero, fue un ejemplo de estrategia y profesionalidad tanto en las preguntas como en las respuestas. Hasta el tribunal tuvo que consultar el manual para entender el alcance del interrogatorio sobre cuestiones que incriminaban a Trapero y preservar al tiempo el derecho de defensa de los procesados y del propio policía al no estar en el banquillo de los acusados de este juicio. El fiscal Javier Zaragoza embaucó a un agente que venía dispuesto a hablar porque sabe que es en el Supremo donde se resolverá todo.

Fue como un combate de boxeo donde Trapero repartía a gusto acusaciones contra sus mandos directos o indirectos, Puigdemont, Junqueras, Forn o Soler, mientras defendía la preparación de su equipo y su acatamiento a la Constitución. Puede que muchos no le crean pero esa fue su verdad y sabía que se tenía que jugar el K.O en la lona del Tribunal Supremo.

El público, los abogados de la defensa, los procesados, el tribunal y miles de personas en sus televisores estaban pendientes del relato contundente y ensayado durante miles de veces en su cabeza que el mayor Trapero estaba ofreciendo de compromiso con la Constitución y la ley.

El dialogo entre el fiscal Javier Zaragoza y el mayor Trapero prometía cada vez más interés a medida que se sucedían preguntas precisas y respuestas jamás escuchadas durante más de dos años de investigaciones como que los Mossos estaban preparados pare detener a Puigdemont si se lo ordenaban o que el jefe de los Mossos se sentía incómodo con la deriva política del Ejecutivo de Puigdemont y no estaba por la independencia unilateral.

Trapero sabía el terreno que pisaba y la incómoda condición en la que iba a declarar porque acudía como testigo, lo que le obliga a decir la verdad, pero también está imputado en otro tribunal (Audiencia Nacional) donde le piden penas de cárcel por un delito de rebelión. Trapero sabe que diga lo que diga la Audiencia Nacional, tanto si hay condena como absolución, el caso llegara tarde o temprano al Tribunal Supremo donde para entonces ya estará dictada la sentencia del procés y será de aplicación obligada. Por tanto, esta declaración era fundamental y única.

El interrogatorio del fiscal salió bien. Su representante tenía diseñado un camino de preguntas entrelazadas pero no dispersas. Un aquí y allí que permitirían dibujar un escenario de certeza de lo que sucedió entre la dirección del independentismo y su policía, en las fechas del referéndum.

Zaragoza trato de tensar al máximo la cuerda para obtener respuestas más contundentes pero formuló cuestiones sobre hechos para los que no estaba autorizado para hacerlo. El interrogatorio de un testigo debe ceñirse a las cuestiones que preguntan las partes que han solicitado la declaración, según fija el artículo 708 de la ley de Enjuiciamiento Criminal (LeCrim). Sin embargo, el mismo artículo que limita, permite al tribunal "hacer la pregunta que estime conducentes para depurar los hechos sobre los que declaren" y Marchena aprovecho y pregunto a Trapero. La conclusión se leerá en sentencia.

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